martes, 30 de agosto de 2016

SOFISTICACION SEXUAL: EL MIEDO A LA LIBERTAD


Etiquetar la orientación afectivo-sexual de las personas se ha convertido en uno de los deportes de masas más ridículo y retrógado que conozco.

Sabido es, que a las mentes menos ventiladas, les apasiona definir y etiquetar a sus semejantes por rango de gustos e inclinaciones diversas, jactándose, orgullosos, de concluir su pobre pensamiento, espetando un “es gay”; “es lesbiana”; “es bisexual”; “es pansexual” o lo que, en definitiva, esté más de moda en un momento dado. Lo importante es reducir y clasificar la personalidad del “diferente” bajo un término que lo defina en su totalidad y sentido y a partir de ese momento, darle el “tratamiento” correspondiente. 


Su sexualidad va a definir toda su persona de antemano.


La sexualidad diversa y alejada de los soporíferos convencionalismos sociales, llega a ser, incluso, clasificada como una enfermedad “que hay que curar”, como una patología lamentable que hay que tratar, lo que adjudica directamente la categoría de “enfermo” a la persona que, simplemente, hace uso de su libertad personal para acostarse o levantarse (o ambas cosas) con quien le apetece.

Quienes me leen ya saben que soy poco o nada amiga de adjudicar etiquetas y definiciones al ser humano por que entiendo que algo tan complejo como el cuerpo y la mente de cada uno de nosotros, difícilmente puede reducirse a un vocablo ya de por sí limitador.

Cuando las mentes poco ventiladas de las que hablaba al inicio de este artículo, hablan de otro hombre/mujer en toda su complejidad y belleza intrínsecas, como “gay”, “lesbiana” y similares, efectúan un ejercicio reduccionista, empobrecedor y definitivamente estúpido del otro, qué, para más in-ri, culmina con un afirmativo “¡Oh!” del receptor del mensaje y de su mente poco ventilada también.

La sexualidad humana, afortunadamente, es compleja y está llena de colores que su vez muestran matices particulares y brillos varios, dependiendo de cada persona, claramente parece que la aplastante realidad de millones de personas en el mundo aún no está clara para otros tantos millones, empecinados en continuar con un irrespetuoso afán clasificador más propio de la Gestapo que de ciudadanos de una sociedad democrática y avanzada.

Recordemos que ya en la Grecia y Roma clásicas (así como en civilizaciones anteriores), homosexualidad, bisexualidad y/o experimentación sexual bajo cualquiera de sus formas, fueron, no sólo aceptadas, si no promovidas y disfrutadas en todo su esplendor y de forma absolutamente natural y socialmente aceptada. 

Desde entonces ha llovido ya lo bastante como para soltar amarras (y mal que le pese a quien le pese): recordemos que nuestro principal objetivo como seres humanos no es otro que el de ser felices (o cuando menos hacer lo posible para intentarlo).

Volvemos aquí a ese culto por el alineamiento del ser. A la obligación constituída, de formar parte del rebaño social. A la necesidad de expulsar de la manada al “diverso” so pena de ser señalado/a con un dedo inquisidor para siempre y tan propio de la estupidez humana.

El prejuicio absurdo y la ignorancia han hecho tanto daño a la necesaria diversificación sexual como la Iglesia Católica, los tres, de hecho, han ido siempre de la mano, como sabemos.


Abogo por des-etiquetar.

Abogo por des-clasificar.

Abogo por des-alinear.


Abogo por des-hacer todo prejuicio y suciedad mental y substituirlo por el conocimiento y la preocupación activa por el otro, independientemente de los muy respetables gustos de cada uno que, en cualquier caso, me parecen enriquecedores y de los que sin duda tenemos mucho que aprender, como en otras esferas de la vida.

Abogo por que cada ser de este mundo, se acueste con quien le dé la gana.

El conocimiento y la preocupación activa por el otro, debe ir muchísimo más allá de si alguien se siente más atraído por hombres o por mujeres o por ambos, en porcentajes distintos y variables y dependiendo de su momento vital. 

El conocimiento y la preocupación activa por el otro debe ir muchísimo más allá de una etiqueta colgada del cuello e injustamente definitoria de toda su esencia, por que una etiqueta jamás definirá a ningún ser humano. 

Somos más complejos y apasionantes por nuestra mera condición de humanos, que por nuestras particulares inclinaciones sexuales y considero necesario, más que nunca, no obviar este punto, concretamente, en este momento incomprensiblemente retrógrado e inundado de estupidez e ignorancia sin límite.

La negación del impulso sexual diverso, diferente del impulso sexual “homologado socialmente”, ha sido y es, fuente de no pocos conflictos psicológicos, sociales, legales e incluso (incomprensiblemente) causa absurda, a día de hoy, de tortura, asesinato y muerte en diversas partes del globo - y sin salir de Europa-. Como en tantas otras esferas, sólo a través de la educación temprana y la natural aceptación de la diversificación sexual, conseguiremos vivir en un mundo más civilizado y tolerante. 

Propongo regresar al modelo griego de aceptación y naturalidad. Al ser humano bello de cuerpo y bello de espíritu. Hay que regresar y promover la amplia y diversa sexualidad humana y no poner trabas ni trampas al deseo que nos mantiene vivos. Al deseo de fusión con otro ser humano, independientemente de género; creencias; procedencia; estatus; independientemente del TODO.

Somos seres sexuados desde nuestro primer minuto de vida y hasta nuestra última exhalación y todos tenemos el derecho de vivir nuestra sexualidad como nos parezca conveniente. 


¿Quién puede atreverse a etiquetar la piel?

¿Quién puede atreverse a etiquetar la esencia ?

¿Quién puede atreverse a etiquetar lo que “ES”?


Y sobretodo, ¿por qué? 


No hay necesidad de etiquetar la magia entre dos seres humanos. 


Entre kilómetros de piel. 

Entre millones de neuronas. 

No hay necesidad de etiquetar la felicidad absoluta bajo cualquiera de sus formas y colores. 

Quien lo hace, de hecho, murió hace tiempo. Es un zombie asexuado que vive entre dos mundos pero no ha llegado todavía a comprender y probablemente, no comprenderá nunca, por que negar la diversidad sexual, en cualquiera de sus múltiples y respetables variantes, es negar la vida y es vivir muriendo cada día un poco más.

La sofisticación sexual y la intelectual, suelen ir de la mano. No voy a citar aquí a los innumerables autores/as presentes en cualquier campo de la cultura; las artes y las ciencias cuya sexualidad dista mucho de la socialmente “recomendada”: necesitaría otro Blog para enumerarlos a todos/as. 

El miedo al progreso intelectual de la humanidad ha estado siempre muy ligado al temor de la realización y progreso sexual, tan complejo, apasionante y mágico en cualquiera de sus formas y variables. En definitiva, al miedo a la libertad del otro. A la amenazante libertad del otro. 

Recordemos que, independientemente del género, nuestro principal órgano sexual es el cerebro. Todo está en la cabeza y el sexo, también. De hecho, nos pasamos el día haciendo el amor con hombres y mujeres en nuestra necesidad de ser comprendidos; escuchados; admirados; aceptados…y lo hacemos sin darnos cuenta, de una forma natural y a veces, imprecisa, pero lo hacemos, sin duda alguna.

Desencadenemos pues cuerpos, almas y cerebros y apostemos por una sofisticación sexual respetuosa y consciente, interiorizada, que nos permita no sólo mirar, si no VER la inmensa sensibilidad que se esconde detrás de una vulgar e innecesaria etiqueta.


lunes, 18 de julio de 2016

EL OBISPO Y LAS VIRGENES


El objetivo de La Religión ha sido siempre lograr el enriquecimiento económico masivo y el poder absoluto incuestionable.

Esta ardua tarea se ha llevado a cabo históricamente, mediante la manipulación psicológica más sútil y refinada de sus adeptos. El método es sencillo y viejo como el mundo: se establecen uno o varios “dogmas de fe”, que como su propio nombre indica, carecen de cualquier fundamento lógico y mucho menos evidencia científica que los sostenga, cuando menos de ser sometidos a ser criticados o discutidos. En segundo lugar se establece un fuerte sentimiento de culpa, que, llevado al extremo, alcanza la categoría de “pecado”, que hace la vida de los malogrados seguidores de este sinsentido, ciertamente, muy difícil, siendo la causa de múltiples transtornos; complejos; traumas; fobias e incluso suicidios, como no podía ser de otra manera. 

Creer en el absurdo, en lo no evidenciable, ya puede causar de por sí, trastornos mentales severos, cuando menos si los fieles se ven obligados a vivir bajo el yugo constante del “pecado” que podría arrojarles fuera del adoctrinado rebaño y lo peor: a arriesgarse a ser devorados por las llamas del infierno fo-re-ver.

En base a estos dos miserables conceptos (dogma de fe + pecado), tan siniestramente diseñados para controlar el cuerpo, la mente y lo que es peor, cualquier atisbo de pensamiento crítico de sus seguidores, La Iglesia Católica, en este caso, ha creado un Imperio a lo largo de sus muchos siglos de existencia de dimensiones absolutamente estratosféricas y que escapa a nuestro alcance de simples mortales. 

Dicho Imperio y como cualquier otro, se ha constituido en base a una manipulación y control sobre sus pobres adeptos dignos de denuncia y susceptibles de ser castigados por decreto y no pocas guerras; torturas; luchas de poder; miles de muertos; asesinatos no esclarecidos; corrupción financiera sin límite y en definitiva, una serie de escándalos para los gustos mas morbosos y dignos de un serial televisivo.

En los últimos tiempos han aparecido en los medios de comunicación de todo el mundo, cargos eclesiásticos de todo rango y culpables de todo tipo de delitos relacionados con la corrupción financiera y la lamentable pedofilia, hechos constatados y delictivos, que están haciendo más por el ateísmo que Richard Dawkins. 

Enumerarlos me llevaría muchas páginas de Blog, darían para llenar esta sección per secula seculorum y robaría protagonismo del (muy a mi pesar), auténtico protagonista de mi “ Estupidez Humana “ de este mes de Julio , sección dedicada –como sabemos- , a denunciar y analizar a fondo y objetivamente, la abundante estupidez que nos rodea y que trata de evitar al mismo tiempo que acabemos siendo infectados por ella, como decía, el auténtico protagonista es el inefable Arzobispo de Alcalá de Henares Monseñor Reig Plá.

Cuando pensé que Su Eminencia, Cardenal Cañizares, no podría superar la estupidez humana máxima tras sus aberrantes declaraciones sobre “El Imperio gay”, entre otras lindezas dignas de su medieval cerebro, uno de mis amigos, mi querido Aurelio (gracias Aurelio gracias!!) me advierte de la entrada en escena de otro oscurantista, Su Eminencia (II) Monseñor Juan Antonio Reig Plá , quien con sus últimas declaraciones a cerca de como recuperar la virginidad, la nuestra, la de las mujeres, alcanza el glorioso Número 1 de mi sección de forma categórica, indiscutible y sin lugar a dudas. 

Que momento.

Gracias a este ser que se quedo en el año del Señor 1.415 aproximadamente y rechazó cualquier tipo de evolución y/o progreso, la estupidez humana alcanza el Olimpo de los Dioses, el non plus ultra. Alcanza la categoría de lo sublime, en una palabra. 

Como veíamos anteriormente, el concepto de pecado tan maquiavélicamente diseñado por Iglesia S.A (mi definición preferida de esta magnífica multinacional, maravillosamente gestionada desde el punto de vista empresarial puro y duro), necesita nutrirse de aspectos fundamentales e inherentes a la condición humana para que el terror psicológico de sus adeptos sea tal que estén dispuestos a aceptar y creer cualquier imbecilidad creada para lograr el sometimiento (y por supuesto!) la rendición de su condición pensante. No hay otro aspecto más fundamental e inherente al ser humano que su propia sexualidad. La sexualidad humana, tan natural y normal pero tan denostada y degradada por Iglesia, S.A desde el inicio de su fundación hasta el presente siglo, como mecanismo de control total sobre la psique de cualquiera que les siga. 

Escuchando a Su Eminencia comienzo a sentir miedo. Miedo físico, es más, creo que si pudiera me quemaría viva en una hoguera y mientras rezaría por salvar mi alma de mujer descarriada. 

Analizando el discurso pre-medieval de Reig Plá veo que cualquier mujer normal del S.XXI (entre las que me incluyo, lógicamente), no satisface ninguna de sus líneas, a saber:


1-Soy una mujer y tengo un cerebro.

2-Creo y defiendo la Igualdad de género.

3-Respeto las diferentes opciones sexuales ( la sexualidad humana es amplia ).

4-Entiendo el sexo como algo natural y normal.

5-He votado en las últimas elecciones.

6-Voy a trabajar cada día y asumo la responsabilidad de mi vida, ningún hombre ha de asumirla por mí.

7-No quiero casarme. Es más la palabra “matrimonio” me produce ictericia acompañada de salpullido.

8-Hace 25 años que perdí mi virginidad, no estaba casada y no tengo ningún interés en recuperarla.

9-Tengo amigos gays. 

10-Tengo 3 gatos negros con los que convivo. Y además, les quiero con todo mi corazón.

11- Cuestiono y analizo todo lo que cae en mis manos. Lo que dice Vd, Eminencia, también.


Como decía, este ser, emitidor de postulados absolutamente irracionales; difamatorios; insultantes; machistas e incitadores en una palabra, al maltrato del ser humano ( llegados a este punto me da igual que sea hombre o mujer ) puede ser seguido o escuchado por alguien? Puede algún ser humano normal; inteligente; coherente; bien educado; leído, escucharle por más de 2 minutos sin levantarse y salir corriendo? ¿ puede alguien asistir a alguna de sus homilías mas cercanas al “gore” que a la necesaria progresión del ser humano, sin necesitar una ducha de agua helada?, ¿ cómo permite El Estado Vaticano, -siempre tan cuidadoso y prudente a la hora de esconder la porquería debajo de las alfombras-, permitir al oscurantista expresarse en términos semejantes?

Qué descuido papal! Que fallo de Marketing! Qué tropezón sin parangón!

No nos hemos recuperado de los tremendos delitos de pedofilia y saqueo máximo “made in Iglesia, S.A” y ahora Su Eminencia nos prohíbe a las mujeres lo que nos define como seres humanos más allá del género:


P-E-N-S-A-R y A-C-T-U-A-R D-E M-A-N-E-R-A L-I-B-R-E


Ay Eminencia!

Si las madres misioneras de una conocidísima congregación religiosa donde tuve el privilegio de estudiar y formarme, excelentes mujeres y mejores profesoras (y realmente libres, se lo garantizo), le han escuchado, estoy segura que no tendrán la delicadeza de invitarle a un café con pastitas en cualquiera de las miles de misiones donde, realmente, difunden el mensaje de Jesucristo, haciendo a fondo lo que tienen que hacer y ahorrándose toda la patraña medieval con la que Vd. ha tenido la desfachatez de faltarnos el respeto: como seres humanos en primer lugar y como mujeres en segundo.

Como mujer de empresa, recomiendo a Su Eminencia y a la multinacional que representa, emitir un comunicado público y urgente, retractándose de los insultos y reconsiderando su lamentable, obsoleto e inaceptable discurso. Piense además, que como continúen Vds perdiendo adeptos dejarán de facturar, osea, dejarán Vds de lado su cometido Número 1: ni que sea por el interés económico puro y duro, retráctese públicamente, Eminencia.


martes, 12 de julio de 2016

SOY UNA MUJER EMANCIPADA


Soy una mujer emancipada

Inteligente. Libre. Voy a capitalizar mi belleza y todos mis encantos como si fuera el mejor inversor de Wall Street. Sé que soy mejor que el resto. 


Soy una mujer emancipada

Me gusta que pagues tú siempre (es un gesto de caballerosidad), me abras la puerta, me retires la silla y te hagas cargo de todas mis necesidades económicas y emocionales.


Soy una mujer emancipada

Estoy deseando atraparte, tonto. Quiero que me mantengas a mí y al fabuloso tren de vida que me merezco. Voy a convertirme en tu sueño hasta que comas de mi mano. 


Soy una mujer emancipada

Trabajo solo lo suficiente. Por ahora. Es circunstancial. Trabajar cansa y además, está mal visto que la mujer trabaje. Además, trabajar me obliga a pensar. Pensar cansa. Prefiero que tú pienses por mí. 


Soy una mujer emancipada

En cuando veo a otra mujer más guapa, mas preparada; más inteligente que yo, voy a ir a por ella hasta acabar con su autoestima. Quién se ha creído que es?


Soy una mujer emancipada

Y espero que me financies, cariño, la operación de pecho que me prometiste el día que me viste llorar por la tremenda tragedia que para mí supone usar una talla 85. Necesito una 100 para sentirme mujer. 


Soy una mujer emancipada

Necesito más botox en mi cara, aunque cada vez me parezca más a una caricatura de mí misma y ya no me quede expresividad alguna en el rostro. Lo importante, es mi belleza interior.


Soy una mujer emancipada

Este mes estaré intratable, cariño, por que he iniciado una dieta de 600 calorías/día. Entiéndelo, lo importante es que te guste. Eso sí, ni me hables. Compréndeme.


Soy una mujer emancipada

Te tengo tan amaestrado, tan tomada la medida, que he logrado transformar tu hombría en servilismo canino. Hago contigo lo que quiero y encima estás contento.


Soy una mujer emancipada

Tengo tanta personalidad que estoy emperrada en llevar el mismo bolso alucinante que llevaba Brenda Fox en el “Photocall” de “No es país para imbéciles”. 

Y espero que me lo regales, eh?


Soy una mujer emancipada

No pude evitar liarme con mi profesor de Pilates. Tu estás siempre de viaje y paso demasiado tiempo sola. Soy humana. Eres tan tonto que ni siquiera te has dado cuenta que llevamos 3 semanas sin hacerlo. Que bobos sois los hombres. En el fondo, te quiero.


Soy una mujer emancipada

Cuando me divorcie de ti, me voy a quedar con nuestra casa; tu sueldo; tus ahorros; tus planes de pensiones; el coche; el apartamento de la playa; la casa de tus padres en la montaña y la custodia de los niños…no la tengo clara, me agobian. Te la regalo.


Soy una mujer emancipada

No soporto verte fracasar, ni llorar. Que poca hombría. Parece mentira que jamás te dieras cuenta que no te quería lo suficiente, simplemente se me pasaba el arroz y eras la mejor opción entre las no-opciones disponibles del mercado.


Soy una mujer emancipada

Tu querías carne fresca, de primer corte. Yo quería una cartera bien abultada. Eramos felices, no?


Soy una mujer emancipada

Respétame, soy una mujer emancipada, por si no te habias dado cuenta.


lunes, 11 de julio de 2016

ARDOR GUERRERO


Mi día a día en el mundo del acero es lo más parecido a una guerra de lo que nadie se pueda imaginar. Soy consciente de que inicio una batalla que sé como empieza y que quiero que acabe con éxito, si es posible ,incluso, con la gloria y para ello todas mis facultades –sin excepción- han de estar operativas al 100%. Un solo fallo, un despiste, un movimiento en falso, pueden suponer la pérdida de millones de euros anualmente y con ello la pérdida de la guerra, en una palabra y traducido a negocios, a nuestra desaparición del mercado.

En la toma de la decisión correcta, hay un factor determinante, que, aunque parece obvio , es, en su sencillez, el más complejo de todos:

La gestión del miedo.

Todos tenemos miedos e inseguridades y quien no lo reconozca, miente. El miedo es humano y necesario, nos advierte de un peligro , de una amenaza y nos hace ser prudentes, cautos. Hasta ahí todo bien. El problema surge cuando el miedo paraliza, impide pensar con claridad, frena nuestra preciada estrategia y, o bien, nos hace tomar una decisión incorrecta o lo que es peor, bloquea cualquier tipo de decisión.

Hace unos días mantenía una apasionante conversación con un amigo mío, militar de carrera, quien, refiriéndose a los saltos en paracaídas, me decía:

“Cris, el primer salto es el fácil. El segundo es el peor, por que ya sabes a lo que te enfrentas”.

Esta sentencia taxativa, brillante en su sencillez militar, absolutamente concisa, me hizo recordar inmediatamente mis inicios, hace 18 años ya, cuando comencé a exportar acero a Alemania, desde Barcelona y era la primera en hacerlo. Cuando “salté” por primera vez y puse el pie en territorio “virgen”. 

Feliz e inconsciente. Feliz en mi inconsciencia. 

Con el paso de los años y a medida que mi conquista del territorio se extendía al resto de Europa, al resto del mundo, la interiorización de la tremenda responsabilidad que tenía (y continuo teniendo), me hizo sentir, si no miedo, mucho respeto: ya sabía a lo que me enfrentaba, ciertamente.

El segundo salto del que me hablaba mi experimentado amigo militar, es siempre más difícil que el primero, sin duda. Sin embargo, el convencimiento de saber que hacemos lo que hemos elegido, que estamos muy preparados para hacerle frente y la enorme ilusión de lo nuevo (no hay dos saltos iguales), es lo que nos proporciona la energía y la motivación para “superar” el humano miedo y substituirlo por el “Ardor Guerrero”, lo que en el argot militar se conoce como la adrenalina total que te permite afrontar una “operación” en la que has de ejercer labor de mando sobre ti mismo y estar a la altura de las – con toda probabilidad-, complicadas circunstancias que has de afrontar. 

Sólo los auténtica y genuinamente “vocacionales”, es decir, los que sienten auténtica pasión y convencimiento por su trabajo son capaces de gestionar el miedo con dignidad y substituirlo por el “Ardor Guerrero” del que hablábamos antes. 

En las circunstancias límite a las que nos tenemos que enfrentar cada día en nuestras empresas y en la vida, el mundo militar tiene mucho que enseñarnos, particularmente, en este sentido.

La peor decisión es la que no se toma. 

La peor circunstancia que puedo imaginar es convertirse en víctima de la circunstancia.

La incapacidad para asumir riesgos es, sencillamente, letal y debemos prescindir de ella siempre.

Soy testigo, a diario, de muchas decisiones mal tomadas o de ninguna decisión tomada en absoluto, producto de la mala gestión del miedo. Este comportamiento, erróneo, se traduce en pérdidas económicas tremendas para cualquier compañía. 

El miedo paraliza y destruye cualquier progreso. Cualquier necesario avance. Cualquier conquista. 

Hemos de saltar en paracaídas. Y hemos de realizar el salto preparadísimos. Hemos de prepararnos a fondo, física y mentalmente, para continuar viviendo; haciendo empresa; superándonos: para continuar conquistando nuevos territorios, pero, sobretodo, para continuar conquistándonos a nosotros mismos, sin duda, la más difícil de todas las conquistas posibles. 

Cultivemos siempre un sentimiento de proactividad máxima, un sentimiento de respuesta, de resolución ante las adversidades y las emergencias. Un sentimiento de confianza plena en nosotros y nuestras capacidades y por extensión, en nuestros equipos.

Finalmente, todos somos soldados en esta batalla diaria que es la empresa y la vida. 

Por muy humano que sea el miedo, substituyamoslo por “Ardor Guerrero” y… saltemos!



jueves, 30 de junio de 2016

YO NO SOY MACHISTA

¿En qué momento empezaste a consentir su machismo?


Yo no soy machista.

Cuando me dice que me calle por que de esto no entiendo.

Yo no soy machista.

Cuando llega a casa a las 7 de la mañana y me dice que estuvo desde las 5 de la tarde del día anterior tomando algo con los amigos.

Yo no soy machista.

Cuando me pide hacerse cargo de su dinero – y el mío-, por que el sabe más de economía que yo.

Yo no soy machista.

Cuando me pide que me opere por que le gustan más las curvas que las rectas.

Yo no soy machista.

Cuando le pide a nuestra hija que le traiga una cerveza, mientras que ve el fútbol con su hijo.

Yo no soy machista.

Cuando me alza la voz por que la comida no está a su gusto.

Yo no soy machista.

Cuando tenemos sexo, pero yo no tengo ganas y lo tenemos.

Yo no soy machista.

Cuando me he convertido en un ser pasivo que te ignora y no te deja por miedo a estar solo.

Yo no soy machista.

Cuando hace comentarios obscenos delante de tus narices y se jacta de su hombría sin el más mínimo pudor.

Yo no soy machista.

Cuando consulta los anuncios de prostitución de los periódicos mientras tu preparas el desayuno.

Yo no soy machista.

Cuando te pregunta que para que quieres seguir estudiando.

Yo no soy machista.

Cuando te pide un tiempo por que te han detectado cáncer y se siente presionado.

Yo no soy machista.

Cuando te pide abortar por que no está preparado para ser padre.

Yo no soy machista.

Cuando te dejo de querer hace tiempo y le falta carácter para irse con dignidad.

Yo no soy machista.

Cuando te ha pegado por que fuiste a tomar un café con un amigo.

Yo no soy machista.

Cuando te ha pegado a ti y ahora a tus hijos.

En que momento empezaste a consentir su machismo?


miércoles, 29 de junio de 2016

LA EMPRESA PRO-HUMANA


Por motivos profesionales me veo obligada, muy a menudo, a coger aviones. Volar me desconecta de la rutina y me da amplitud de miras. Desde arriba, las vistas son panorámicas. Amplias. Esperanzadoras, incluso. 
Mas tarde entenderá por que le hablo de esperanza. 

Durante mi último vuelo, volviendo de Colonia a Barcelona, la perspectiva panorámica del verde infinito de los campos alemanes, me llevó a ejecutar una profunda reflexión en cuanto a la inhumanidad imperante en gran parte de las empresas españolas, en general y sus graves consecuencias a nivel personal y en términos de competitividad y resultados.

Normalmente las empresas son el vivo ejemplo de la política y la cultura de un país y en un 80 % de los casos suelen funcionar de maneras similares, (aunque siempre hay honrosas excepciones).

Una de las grandes -y definitivas- diferencias entre la empresa alemana y la empresa española, es la cultura y la filosofía de respeto absoluto por sus empleados y por sus derechos. Esta cultura del respeto se retro-alimenta en las dos direcciones: de empresario/empresa a empleado y de empleado a empresario/empresa y si bien es cierto que los alemanes nos llevan 200 años de adelanto en este sentido, yo, que soy partidaria (en lo personal y en lo profesional) del aprendizaje y formación continuos, pienso que la empresa española aún está a tiempo (y debe) aprender mucho de Germania. 

España se encuentra a la cola de la competitividad europea y si analizásemos el grado de satisfacción de la clase obrera en este país, no llegaría ni a un 5 (en una escala del 1 al 10). Si bien no voy a entrar a analizar ahora todos y cada uno de los factores que contribuyen a este desastre, si que me voy a referir a uno importantísimo y determinante en la productividad y los resultados de cualquier empresa e independientemente del sector al que se dedique y que, por definición, engloba a todos los demás.

Este factor determinante al que hago referencia se llama Respeto. Respeto a los obreros/colaboradores/ empleados que constituyen la empresa y de quienes depende la productividad y los resultados, algo que muchos empresarios deberían cuestionarse en profundidad. 

Lo que un ser humano no hace por dinero, lo hará por cariño y por respeto, créame. Y una persona respetada, cuidada y querida, aumentará su productividad al 100% aunque quizás sus condiciones de trabajo y económicas no sean precisamente las ideales. Recordemos siempre que estamos trabajando con personas de las que dependen nuestros resultados, nuestra productividad y nuestra rentabilidad como compañía. Nuestra competitividad, en una palabra.

Se impone un replanteamiento urgente en verso a como estamos tratando a nuestro equipo. Planteémos a grosso modo, las cuestiones siguientes:


1- Esta Vd presente en su empresa?

2- Saben sus empleados que Vd está dispuesto a escuchar su crítica constructiva?

3- Está Vd dispuesto a aceptar dicha crítica y reaccionar de una forma pro-activa?

4- Agradece Vd a sus empleados su crítico feed-back?

5- Es capaz de reconocer sus propios errores y disculparse por ello?

6- Busca Vd la comunicación con sus empleados?

7- Esta y quiere solucionar los conflictos internos que puedan presentarse?

8- Es Vd una persona íntegra y con conocimiento del ser humano?

9- Promueve Vd una cultura dinámica y motivadora de equipo en la que todos sus integrantes se sientan parte?

10- Compensa a quien se esfuerza, fomentando una cultura interna de la meritocracia?

11- Es Vd feliz trabajando y transmisor de felicidad en su compañía?


Creo que muy pocos directivos -en un acto de honestidad absoluto-, contestarían afirmativamente -al menos- a 5 de las cuestiones planteadas. Con esto queda dicho todo, lamentablemente.

Vd podrá comprar con dinero las mejores máquinas, la tecnología más avanzada y probablemente fabricar un producto de calidad superior. Pero si su personal esta totalmente decepcionado con Vd y mas desmotivado aún con su actitud prepotente y egocéntrica, mas vale que pare máquinas, se tome un café y realice un saludable ejercicio de necesaria autocrítica que le saque a Vd y su equipo de las cavernas empresariales y les haga ver la luz. 

Queremos una empresa sostenible. Queremos la empresa que necesita España para salir de la profunda crisis económica y social en la que se encuentra y de la que depende la supervivencia y la calidad de vida de tantas familias y con ello nuestra imagen a nivel internacional. 

El tejido empresarial de un país es su cimiento y la base de su economía.

Necesitamos empresas fuertes, consistentes, constituidas por seres humanos que trabajan con seres humanos y no con cosas. La cosificación del capital humano en las compañías es una de las principales causas de los resultados mediocres y la preocupante pérdida de competitividad que presenta nuestra economía y nuestro país. 

No necesitamos jefes. 

Necesitamos líderes absolutamente empáticos, inspiradores. Líderes de un nuevo rumbo económico y por lo tanto social, orgullosos de formar parte de una nueva forma de crear y hacer, una empresa donde todas y cada una de las partes que la componen quieran luchar conjuntamente y absolutamente motivados por un crecimiento constante, persiguiendo la excelencia como objetivo vital y profesional. 

Un entorno donde el desarrollo personal, profesional y económico, sea posible para todas y cada una de las partes que lo forman. Incluidos los empleados, en primer lugar, como verdaderos artífices de lo posible y tradicionalmente tan injustamente valorados. 

Empecemos por el necesario respeto. 

Por la necesaria empatía. 

Empecemos por tratarnos. 

Por tratarnos mejor. 

Una empresa anti-personas es una realidad inaceptable en un país democrático, europeo y que quiere crecer y hacerlo de forma respetuosa con las personas, el medio ambiente y la sociedad. 

Una empresa anti-personas es la antítesis del éxito empresarial, los resultados -y por ende- los beneficios.

Abogo por una empresa pro-ser-humano por que, tras 20 años de dedicación absoluta a la empresa, concretamente en el sector del acero y por extensión en muchísimos otros sectores de la industria y la economía, he llegado a la conclusión de que es el único sistema que funciona hoy en día y en el próximo milenio.

Espero del próximo gobierno de España una política económica que permita a los empresarios de este país una empresa pro-ser-humano. Una política económica donde la formación dual sea un hecho. Donde los salarios sean competitivos y se respeten y se fomente el esfuerzo y los méritos propios. Una politíca económica donde la igualdad de género y la estabilidad social sean una prioridad. Una política económica donde el capital humano sea la base de la prosperidad y se fomente y retenga nuestro valioso talento español, hoy en día obligado a emigrar a otras naciones donde se les reconoce más y se les paga mejor.

España nunca será Alemania, ciertamente, pero podemos copiar, de los alemanes lo que mejor saben hacer, la empresa y tratar de adaptar lo que les ha llevado al éxito económicamente a nuestro genuino carácter español. Si fueramos capaces de adaptar la seriedad germánica a la pasión española, llevaríamos a nuestro país a convertirse en motor de cambio y crecimiento. En un auténtico Número 1.

Todo esto lo pensé mientras volaba, vislumbrando el verde alemán, esperanzada. 

No perdamos la esperanza, ni la ilusión por el cambio. Aún es y debe ser posible.


martes, 21 de junio de 2016

EN VERANO ESTA PROHIBIDO SER HUMANO


Cuando tenía 15 años, cayeron en mis manos “Los Diálogos” de Platón. Una maravilla con la que me entretuve un mes de agosto de piscina y sol y fui feliz.

Recuerdo que me llamó muchísimo la atención aquello de “El hombre bello de cuerpo y bello de espíritu” y he de reconocer que me marcó para siempre, definiendo, en gran medida, una buena parte de mi carácter. Había que alcanzar la perfección física, pero también la intelectual, la del espíritu, la de el alma, en una palabra. Me pareció un objetivo vital mas que loable y he de admitir que me pase una gran parte de mi vida en la consecución de ambas perfecciones pero sin conseguirlo, lógicamente. Como decía mi admiradísimo y mas querido Umberto Eco: “perfetto è solo Dio”, o lo que es lo mismo, “solo Dios es perfecto”.

Iniciado el verano, aquella máxima de Platón se recorta a la mitad y pasamos de “el hombre bello de cuerpo y espíritu” (entiéndase aquí hombre/mujer y espíritu como intelecto/alma) a “el hombre bello de cuerpo”. Lo realmente importante es lo físico, lo perceptible. La superficie en una palabra. 

Las semanas y días previos al verano constituyen otra de mis queridas apologías de la estupidez humana, en la que, vaya donde vaya, esté donde esté, no hay ni un solo medio de comunicación que no me recuerde la importancia de eliminar completamente la grasa abdominal, conseguir unos músculos bien tonificados y –sobretodo- unos glúteos dignos de una patinadora olímpica. 

En verano la grasa corporal está terminantemente prohibida, el vello corporal ha de ser eliminado por completo (incluso en las zonas donde cumple su muy necesaria función protectora) y la necesaria relajación estival ha de evitarse so pena de provocar el pecado capital veraniego: la flacidez. La flacidez corporal es, en verano, un pecado capital que ha de ser castigado, como mínimo, con un mes de asueto en un gulag siberiano. Por lo menos.

En verano no están prohibidos los helados. Está prohibido ser humano.

Tratar de escindirse de la estupidez es una carrera de difícil ejecución: corras por donde corras encontrarás siempre un obstáculo que te recordara tu grasa, tu vello y por supuesto tu imperdonable flaccidez y lo hará en forma de ser humano (¿?) alimentado muy por debajo de lo saludable, con edad comprendida entre los 14 y los 25 años y retocado con Photoshop, faltaría más. Este ser te mira desde la portada de una revista cualquiera con una superioridad y una actitud hipersexualizada que da miedo y que te dice: “ni se te ocurra comerte un bocadillo de queso, flácida!! “

Intento recuperarme del golpe pero es difícil. Voy a hacer la compra y el supermercado está lleno de productos que me ayudarán a bajar los 2 kgs que teóricamente me sobran y que necesito bajar antes de que se me ocurra exponer mis humanas imperfecciones en la playa. La industria alimentaria ya determina, con antelación, que a todos nos sobran 2 kgs de grasilla corporal invernal que hemos de eliminar por mandato divino (o sea por mandato de las grandes multinacionales relacionadas, que estiman su volumen de facturación estival en varios millones de euros). 

Del supermercado voy a la farmacia: necesito comprar una aspirina para eliminar el fortísimo dolor de cabeza provocado por tanta estupidez, pero la farmacia ya no es una farmacia. Se ha convertido en el florentino laboratorio renacentista ¡de Miguel Angel! Todo son anatomías pluscuamperfectas y gloriosas en su perfección, que me recomiendan usar cremas para reducir mi resistente grasilla invernal, aparecer tonificada y perpetuar mi incipiente bronceado ¡fo-re-ver!

Salgo de allí como alma que se lleva del diablo antes de que la prohibición estival de ser humana y mi autoestima, se vean dañadas para siempre!

Me voy a nadar. Nadar desde hace 30 años me alivia del posible contagio de la estupidez estival generalizada y me ayuda a centrarme mentalmente en lo importante, pero, horror!! en la piscina número 40 y parando para retomar el rítmo, uno de mis compañeros de entreno, mi querido Federico (bello de cuerpo y más bello aún de espíritu), me espeta: "Cris, tengo que bajar 2 kgs" (¿?) …y me lo dice desde desde su cuerpo de nadador perfecto, de hechuras griegas y su brillante mente de abogado de éxito…está infectado! …el virus estival “prohibido ser humano en verano” le ha infectado y por ende también me puede contagiar a mi!!

Salgo del agua rápidamente, aún no es demasiado tarde…vuelvo a releer Los Diálogos. Platón vuelve a calmarme y a recordarme la importancia de cultivar el corazón; el intelecto; el espíritu y sobretodo, el alma. Lo que nos hace verdadera e inequívocamente humanos. 

Inicio el vuelo y contemplo, desde las alturas, como La Estupidez Humana continua invadiendo el mundo, cada vez que puede y le dejan.


No le dejemos sitio y permitámonos el valor de ser humanos, también en verano.