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lunes, 11 de diciembre de 2017

LO QUE PUEDE APRENDER LA EMPRESA ESPAÑOLA DE LA EMPRESA ALEMANA


Llevo veinte años exportando acero a el norte de Europa, aproximadamente, un 80% a Alemania, que constituye mi principal mercado. En su momento nuestra ilusión y fuerte determinación por adentrarnos en este apasionante país, culminó con la implantación de nuestra planta de producción en Brandenburgo, cerca de Berlín, donde actualmente fabricamos alrededor de las 100.000 toneladas de acero para diversos usos industriales.

Fuimos la primera empresa de nuestro sector (fabricación de alambre de acero de bajo contenido en carbono), en implantarse en Germania. Ser los pioneros nos llevó a realizar una labor de adaptación importante, por nuestra parte, para cumplir las expectativas de nuestros clientes alemanes, que no son fáciles precisamente, pudiendo observar, - de primera mano-, la operativa de la empresa alemana, tanto de medianas y pequeñas empresas, como grandes grupos multinacionales y ciertamente, pudiendo hablar de un modo de gestión germano, de un “modus operandi” genuinamente alemán y que constituye la base del éxito económico del país, muy protegido por un gobierno perfectamente consciente del peso específico de la empresa alemana en su admirada economía.

Sin entrar en la temática histórica (que también ha influenciado, en parte, el desarrollo y éxito de la todopoderosa economía alemana),si que entraré en particulariedades caracteriales, tan propias de la idiosincrasia alemana, realizando un breve croquis sobre los factores que, a mi modo de ver y basados en mi experiencia diaria a lo largo de los años , constituyen los cimientos del éxito empresarial germano:


Existe un profundo respeto entre personas:

Incluso dentro del ámbito laboral, los integrantes de dicho entorno se tratan de Vd. (Frau X o Herr X), como en el resto de la vida diaria germana, el trato de Vd. es lo normal y constituye – de entrada- un regulador de las relaciones interpersonales y el necesario equilibrio entre individuos, independientemente de su cargo en el organigrama de la empresa.

De hecho, la mayoría de las compañías, cuentan con un código ético / conductual, que ha de ser firmado en el caso de establecer relaciones comerciales con ellos. 

El respeto al individuo y el bienestar general de los integrantes de la compañía y partners de negocio, es la primera prioridad.


Hay una conciencia de “misión”:

Todos los componentes de la empresa forman parte de una cruzada que les llevará al límite de su savoir faire y capacidades. Saben por qué van a trabajar. Los componentes están intrínsecamente motivados ya que el trabajo no es percibido como una pesada carga, si no como una actividad necesaria para su realización personal y la muestra de su talento. La perspectiva del trabajo cambia por completo el concepto del mismo, mejorando los resultados. 

Una visión de “misión”, es muy diferente de un concepto de las tareas contemplado como un mal necesario.


Son empresas muy receptivas:

Las empresas germanas escucharán activamente todo lo que sus integrantes; socios; proveedores y clientes tengan que decirles. Son tremendamente razonables siempre y cuando las críticas; comentarios; desacuerdos; propuestas; etc, se realicen dentro de la educación y la argumentación mas estrictas y depuradas. Esto les otorga una enorme ventaja competitiva, ya que difícilmente es posible desarrollarse y crecer cuando se piensa que se sabe todo, que se está en posesión de la verdad absoluta y que lo que no funciona no es susceptible de cambio. Recordemos que las empresas están constituídas por personas y que en un entorno profesional, también es muy importante callarse y escuchar proactivamente a quien puede aportar, repensar conceptos o modificar lo que no se hace bien.


La planificación, en el ADN:

No hay lugar para la duda o la improvisación. El alemán analiza, reflexiona, planifica y lo hace a conciencia. Una vez llegado a una resolución clara que ha contemplado todos los pros y contras y el peor de los escenarios, el objetivo queda definido, sin lugar a la improvisación. Todo el equipo es consciente de su responsabilidad individual y colectiva en la consecución del mismo. Hay un sentimiento de pertenencia y un profundo orgullo personal.

Las tareas están definidas y cada cúal sabe lo que tiene que hacer y como hacerlo. Si alguien necesita ayuda, se le proporcionan las herramientas necesarias para mejor cumplimiento de las mismas. Son solícitos y colaboradores. Pedir ayuda para mejorar la propia tarea está muy valorado. Indica interés y eficicencia. No están empeñados en tener razón, si no en lograr que las cosas se hagan de la mejor manera para todos. 


Son tremendamente efectivos y rápidos en la ejecución:

Todo gira en torno al tiempo. Las compañías alemanas aparte de no perderlo, lo gestionan absolutamente todo en verso al “timing”. Los tiempos han de respetarse y quienes trabajen con ellos han de hacerlo también. El rítmo de las compañías alemanas es más rápido (con diferencia) que el resto de compañías de otros países que conozco. Sólo asiáticos son capaces de igualar / superar su dinámica de trabajo donde horas, días y plazos a cumplir son el mapa de ruta de las compañías germanas y sus integrantes.

Tienen absolutamente interiorizado que, de lo perfecto de su gestión y la rapidez en ejecutarla, depende el éxito de la compañía. Y ellos viven para hacer las cosas mejor que nadie. El fracaso es una circunstancia que no se pueden permitir y cuya gestión además, llevan mal. Retrasos e impuntualidades varias, habrán de estar debidamente argumentadas para que sean aceptadas. 


Profundo sentido de la responsabilidad personal y colectiva :

Los empleados se auto-gestionan por definición. No siendo necesarios grandes mecanismos de control interno en las compañías. Son, por lo general, extremadamente fiables y disciplinados, lo cual ahorra a las empresas cargos intermedios que no producen ni son rentables y que sólo generan a las compañías costes y ningún beneficio tangible ( a parte de controlar a los irresponsables ). La irresponsabilidad no tiene lugar y está muy mal considerada. 


Grandes perfeccionistas:

Son perfeccionistas al extremo por que les educan desde muy pequeños en hacer las cosas lo mejor que se pueden hacer. Es otra cualidad que tienen “de serie”. Detestan los errores y los admiten muy mal. Los suyos propios y también los de los demás. Esto hace que trabajen de manera concentrada y muy conscientes de lo que se traen entre manos. Cuando se producen los humanos errores no dudan en abrir protocolos de mejora donde se van a analizar todas y cada una de las causas, factores, personas implicadas culpables del error, para que no vuelva a repetirse. Son grandes correctores de sí mismos y de los demás. 

No suelen repetir el mismo error dos veces.


La empresa alemana impone su forma de trabajar:

Los partners de negocio de los germanos, deberán realizar un esfuerzo considerable para adaptarse a las maneras de trabajo germanas y habrán de ser tan eficaces, productivas, puntuales y serias como ellos. Ellos hacen las cosas muy bien y normalmente su “modus operandi” es difícilmente superable. Además no tienen tiempo que perder. No toleran que les hagan perder el tiempo con comunicaciones vacías; repeticiones de lo ya acordado; gestiones mediocres. Hay que estar a la misma altura que están ellos y no se conforman con menos. Su “modus operandi” funciona y funciona muy bien, así que hacen que los demás se adapten a ellos y no a la inversa. 


Viven en la insatisfacción permanente:

Las compañías teutonas son tremendamente humildes en la visión de logros y resultados. Piensan que pueden hacerlo mejor, que los resultados, aunque no desfavorables, ni mucho menos, son siempre susceptibles de mejora. La autocomplacencia no es una palabra que forme parte de su vocabulario. Y además está mal vista. Es la visión clásica del vaso medio vacío y tener los pies en el suelo a pesar de productividades de ensueño y facturaciones como para poner contento a cualquiera. Ellos, aunque humildes, son tremendamente ambiciosos. Piensan a lo grande: por ello dan pasos pequeños pero con firmeza y constancia asiáticas, por eso no dejan de crecer y de continuar constituyendo un referente empresarial de primera mano. 


Su trabajo es su religión:

Los alemanes se definen como grandes “hacedores” por que la cultura del rendimiento (Leistung) está fuertemente arraigada en ellos desde su primer día de escuela hasta el día de su jubilación. Por ello el trabajo, el trabajo bien hecho, constituye la prioridad n. 1 en sus vidas, no la segunda, ni la tercera, si no la primera, y a distancia de otras actividades vitales. El deber va a ir siempre por delante de todo lo demás, que dejarán para cuando lo prioritario esté solucionado y lo esté de la mejor manera posible, ya sabemos que no hacen las cosas a medias.


Las empresas alemanas, pagan muy bien a sus empleados:

Los integrantes de las compañías saben que su esfuerzo se verá recompensado, sus derechos fundamentales respetados y que incluso se repartirán bonus por productividad (trimestral / semestral / anual) si la empresa llega a los objetivos definidos a principios de año.

Los empleados alemanes están muy protegidos por una legislación laboral orientada, fundamentalmente, al bienestar de las personas y a favorecer una conciliación laboral / familiar, que permita a las familias procrear, crecer y consumir. Todo ello, muy bien pensado, sabedores de que las personas pasan más tiempo en las empresas que en sus casas y que el ritmo exigido es vertiginoso. Son empresas pro-humanas, donde no se toleran los tratos vejatorios de ningún tipo y si se suceden son fuertemente castigados.


Son consecuentes:

La excelencia se premia pero la mediocridad se castiga. O se está al 100% o no se está. Son taxativos en este sentido y extremadamente consecuentes. Existe una vocación ejemplarizante en la que cada miembro de la compañía trata de ser un elemento motivador para el resto en forma de buen hacer personal, recordando aquella máxima de que se predica con el ejemplo. El grupo no tolera a los que están a medias, con lo cual las compañías son verdaderos hormigueros de dinamismo, savoir faire y ritmo.


Made in Germany:

Las empresas alemanes son, fundamentalmente, empresas exportadoras y saben que “Made in Germany” es su sello de éxito desde Francia hasta Hong Kong y pasando por Ohio. Por ello dedican los recursos que sean necesarios a I+ D y Know How, sabedores que constituyen la élite presente de la locomotora europea y mundial y de lo que está por llegar. Ellos siempre van 2 pasos por delante, saben que han de continuar manteniendo su “ Made in Germany” cueste lo que cueste y que perderlo (es decir, bajar sus stándares de calidad) significaría ponerse al mismo nivel de sus competidores a nivel internacional, ávidos de erigirse en la nueva Alemania. Los esfuerzos están muy orientados a cuidar y proteger lo que ya se tiene.


Son buscadoras intrépidas de talento:

Las empresas alemanas son captadoras incansables de talento y venga de donde venga. Si (por ejemplo), captan a un buen ingeniero español, con ilusión y ganas, le tenderán la alfombra roja y pondrán todos los medios a su alcance para que hable alemán en pocos meses, organice su vida en el país en poco tiempo y se sienta como uno más. La empresa alemana es una gran seductora de perfiles con altas capacidades y personas que quieran desarrollar una carrera profesional seria y a largo plazo. Necesitan talento. Sin talento saben que no pueden continuar con su ritmo de crecimiento natural pero independientemente de esta cuestión, las empresas alemanas, tradicionalmente siempre han sido empresas abiertas a la multiculturalidad y a que cada miembro aporte lo mejor de sí mismo, independientemente de raza, religión y creencia. 


La Empresa y la Universidad se interrelacionan:

Es frecuente que los estudiantes realicen su carrera combinada con prácticas (pagadas) dentro de la empresa. La teoría se complementa con la práctica y los estudiantes enlazan el fin de sus estudios con puestos de mayor responsabilidad dentro de la compañía y mejor pagados. La escalada se produce de forma natural y con la mejor de las intenciones por ambas partes. El índice de paro juvenil es casi inexistente y el grado de satisfacción elevado.


Son Ejecutoras:

Les encanta idear, pensar, reflexionar y definir. A partir de ahí hacen. Si Vd. entrase en cualquier empresa alemana (sea del sector industrial o de otro sector), le garantizo que será prácticamente improbable que vea a alguien merodeando o perdiendo el tiempo. Todo el mundo está ocupado y haciendo lo que tiene que hacer. Está mal visto perder el tiempo, como está mal visto no acabar el trabajo dentro del horario de trabajo (inefectividad). Por ello hacen y hacen lo mismo y mejor que en otros países por que no pierden el tiempo y por que además existe una conciencia colectiva de que perderlo está mal. Volvemos en este punto a esta conciencia individual pero también colectiva, tan impregnada en el carácter y la sociedad alemanas. 


Conocen el valor del dinero:

La inmesa mayoría de las empresas alemanas son muy sólidas financieramente. Tienen una buena relación con el dinero y son conscientes de que no se trata de un recurso ilimitado, que no puede despilfarrarse o dedicarse a lo superfluo. Grandes defensores de la seguridad y el control por encima de todo, la inversión de recursos en maquinaria más sofisticada, know how más actual, talento humano y la foco puesto siempre en nuevos mercados donde exportar, constituyen su prioridad fundamental, con lo cual nos encontramos con compañías que crecen, se internacionalizan y crean a su vez nuevos puestos de trabajo. Utilizan muy bien los recursos, en una palabra. 


Proteccionismo gubernamental:

El gobierno alemán siempre ha sido sabedor que el éxito del tejido industrial alemán, constituye el éxito de su economía. Es vital por lo tanto, cuidar y proteger a la pequeña / mediana y gran empresa, con todos los recursos legislativos y fiscales a disposión, realizándose un gran esfuerzo por que la creación de una nueva empresa y su financiacón sean relativamente fáciles, por que el codiciado know how no salga de Alemania, por blindar a las empresas germanas del espionaje industrial y cibernético. 


Cuidan y protegen lo que tienen y lo hacen con todos los medios a su alcance.


En general podría decir que existe un clima de cooperación y consenso, basados en el respeto entre personas y la responsabilidad social y colectiva, que forman parte intrínseca del carácter alemán pero que son fomentadas por todos los actores responsables de la ejemplar empresa alemana y la economía del país.

Alemania no es perfecta, ni mucho menos, pero se esfuerza en serlo y es, en este esfuerzo diario, continuado y sin parangón, donde reside la clave de su éxito. 

Debemos aprender mucho de estas organizaciones, sin duda, sobretodo en los países del sur de Europa donde tan necesario es un cambio de modelo, una catársis que nos permita salir del cierto ostracismo internacional, a pesar de los éxitos logrados y que logre el necesario empujón que necesitan las pequeñas y medianas empresas en España (autónomos) auténticos héroes especialistas en supervivencia por falta, en parte, de las ayudas y el proteccionismo que necesitan.

Quizás aun no es tarde para copiar de quien lo hace mejor y pensar en que sin un sólido tejido empresarial, ninguna economía actual puede sobrevivir.

lunes, 17 de julio de 2017

LOS RITUALES DE LA DESCONFIANZA


La Desconfianza es un virus instalado en Las Organizaciones de la manera más sibilina y que se expande lenta y progresivamente hasta minar la productividad de todo un equipo humano, su dignidad personal y su moral. 

Una Cultura Corporativa basada en La Desconfianza es uno de los peores cánceres que una Empresa puede sufrir y una de las principales causas de la falta de productividad, la rotación de personal y el absentismo laboral.

Sin confianza no hay Empresa, no hay equipo ni clientes y lógicamente, no hay resultados. La Empresa infectada constituye la señal inequívoca de una mala praxis directiva, basada fundamentalmente en la carencia de seguridad personal, el miedo y por lo tanto la necesidad de control de la Dirección, quien se olvida de su verdadero propósito que no es otro que el de instaurar mediante su ejemplo, un excelente clima de trabajo, donde las personas desarrollen su empeño felices (las personas felices son doblemente productivas) y trabajen altamente motivadas (sin motivación es imposible fijar un objetivo) y dispuestas a dar lo mejor de sí mismas por voluntad propia ( sólo se llega a la excelencia cuando las personas están absolutamente convencidas de lo que están haciendo).

Este virus, se esconde estratégicamente tras Los Rituales de la Desconfianza, a saber:


  • La presencialidad en detrimento de la efectividad y el rendimiento.
  • Las reuniones sin contenido práctico/ efectivo donde no interesa la verdad ( tan necesaria siempre ) si no la diplomacia mal entendida que continua sin resolver los problemas. 
  • La designación de cargos intermedios, que no producen pero controlan a los que realmente si producen y generan beneficios o bien ahorro de costes.
  • La prohibición encubierta de pensar y decidir por uno mismo, de potenciar la propia valía personal para mayor beneficio de La Compañía.
  • La creación de burocracias absurdas que no sirven para nada, consumen tiempo, generando desgaste innecesario en detrimento de lo realmente prioritario y urgente.
  • La necesidad de reportar hasta el extremo del absurdo, detalles sin relevancia.
  • La cosificación del equipo humano y la pérdida de todo su potencial, talento y valiosas aportaciones.

Los Rituales de la Desconfianza les cuestan mucho dinero a las empresas y revelan una Dirección arcaica que se pierde de esta manera todo el potencial creativo de sus colaboradores, quienes se acaban convirtiendo en seres presentes que han entendido que cualquier atisbo de pasión; propuesta; capacidad de maniobra o de decisión autónoma va a ser cercenada de antemano, con lo cual no se logra una identificación personal con La Empresa, ni una vocación pro-activa, ni se fomenta ningún tipo de ambición personal. Pero se tiene al personal “controlado”, que es lo importante para los Directivos que deberían convertir en una de sus principales tareas, el fomento de la responsabilidad personal y el talento de sus colaboradores.

Si una Empresa quiere tener éxito, tiene y debe que poder confiar plenamente y sin fisuras en su Equipo. Tiene y debe de generar una corriente de confianza plena, que permita a todos los colaboradores una actitud apasionada y pro-activa, donde se invite a pensar; equivocarse; tener margen de maniobra y trabajar SIN MIEDO. En una Empresa madura y saludable, el miedo no debe ser jamás un elemento motivador. Una Cultura de Empresa basada en ejercitar el control y el miedo sobre sus colaboradores, jamás tendrá éxito. Ningún ser humano es productivo bajo esas premisas y lo que finalmente se acaba por conseguir es que las personas se desmotiven y procedan, con el tiempo, a los famosos “suicidios interiores”, a dejarse morir lentamente y valorar la posibilidad de irse a otra empresa donde su talento se valore más.

La fórmula es lamentable en su simpleza:


MIEDO = CULTURA DEL CONTROL = RESULTADOS MEDIOCRES 


Con la confianza, ocurre como con la mentira y aquel clásico “la primera vez que me mientas será tu culpa pero la segunda, será la mía”.

Si traicionas mi confianza una vez, lo harás una segunda y entonces el responsable ya seré yo y no tú.

Aquí se ha de ser categórico. Un colaborador que ha traicionado una vez la confianza ofrecida es susceptible de volver a traicionar en el 99% de los casos. Por ello no ha de tolerarse dos veces. O se está en el barco o no se está. No valen las medias tintas. Tolerar la mediocridad es también un grave error del Directivo y fomentarla no amputándola de raíz, es el principio del desastre. 


SI UN DIRECTIVO NO PUEDE CONFIAR EN SU EQUIPO, EL UNICO RESPONSABLE ES EL. UN DIRECTIVO TIENE EL EQUIPO QUE SE MERECE Y EL CLIMA LABORAL QUE HA CREADO CON SU POLITICA DIRECTIVA Y SU ACTITUD DIARIA. 


El buen directivo se ve obligado pues a ser un GENERADOR DE CONFIANZA, a practicar un comportamiento ético impecable entre sus colaboradores (que bajo esta premisa le responderán también impecablemente y para beneficio general de La Compañía. Lo bueno de La Confianza es que, salvo excepciones, es una corriente bidireccional).


  • Genero confianza en el momento que creo en ti. 
  • Genero confianza cuando sigo creyendo en ti aunque te hayas podido equivocar, excepcionalmente.
  • Genero confianza en el momento que fomento tu responsabilidad personal y tu talento.
  • Genero confianza cuando te tiro a la piscina por que sé que nadarás lo más rápido que puedas y sepas. 
  • Genero confianza cuando te pido tu opinión y la acepto por que no tengo ningún problema en reconocer que es fantástica y lo hago público.
  • Genero confianza cuando te dejo al mando por que sé que estarás a la altura. 
  • Genero confianza cuando cumplo lo que te prometí y también cuando te explico, en detalle, por que no pude cumplirlo.
  • Genero confianza cuando no te miento por que sé que lo que más odia una persona es que la engañen.
  • Genero confianza cuando comparto información contigo incluso en detrimento del objetivo a corto plazo. Lo que nos interesa es el largo plazo y hacer historia. 
  • Genero confianza cuando afronto nuestro conflicto contigo y no a tus espaldas.
  • Genero confianza cuando premio tu esfuerzo y te muestro, mediante mi ejemplo que la mediocridad sólo va a hacer que te sientas peor contigo mismo. 
  • Genero confianza cuando descarto Los Rituales de la Desconfianza por que me interesa sacar lo mejor de ti y no lo peor, por que tengo la suficiente seguridad y carácter para rodearme de personas probablemente más inteligentes y capaces de lo que soy yo y quiero llevar La Compañía a lo más alto y sé que no puedo hacerlo sólo.

Ciertamente hacen falta grandes dosis de seguridad personal y carácter para llegar a este nivel de interrelación con los colaboradores. La Dirección ha de trabajar a nivel interno concienzudamente para lograrlo so pena de comenzar a cavar su propia tumba en la Empresa y caerse con todo su equipo.

Dirigir bien es un arte. Un arte difícil. Nada es fácil cuando se trata con personas que por su misma condición de personas, piensan y sienten.

En un entorno terriblemente competitivo La Empresa actual no puede permitirse la desconfianza, es más, necesita rodearse de colaboradores fiables y que respondan. 

Los Rituales de la Desconfianza han de ser substituidos y anulados por el trabajo de campo activo. Por el aquí y ahora. Por el trabajo a plena consciencia. Por una escrupulosa metódica del trabajo que permita la autogestión, fomente la responsabilidad propia y permita a los colaboradores brillar con luz propia.


El resultado merece la pena, en este caso el fin justifica los medios.

lunes, 3 de julio de 2017

EL LIDERAZGO SE HACE, NO SE DICE


Se ha escrito ya mucho sobre líderes y liderazgo. Es un tema apasionante y ciertamente motivador. Sobre el papel, no obstante, por que continua sin entenderse en la realidad práctica de la mayoría de las Empresas. 

Curiosamente en La Empresa Real, la del día a día, se teoriza y teoriza en verso a esta cuestión y se continua sin comprender el mensaje. Es un problema de ignorancia básica, de Ego mal entendido y tremendamente enquistado en las Empresas de resultados mediocres y facturaciones susceptibles de mejora. 

Lo peor: la falta de un liderazgo REAL, es la causante de muchísimos problemas internos en Las Organizaciones, relacionados con significativas pérdidas de tiempo / dinero y que podrían evitarse si existiese un Liderazgo de base.

Se olvida que el objetivo de La Empresa Real es lograr un excelente posicionamiento en el mercado, respetando los valores fundamentales y logrando la máxima facturación posible. Un objetivo absolutamente legítimo y compatible con un código de conducta moralmente aceptable (como ya vimos en “La Empresa Pro-humana “).

Volviendo al tema que nos ocupa, recientemente, he escuchado a un Directivo, expresarse en este término y para mayor sorpresa de su desmotivado y agotado equipo:


“Me erijo en líder de este proyecto”


Ante semejante declaración de intenciones, no pude evitar retroceder en mi mente unos cuantos siglos y volver a los tiempos de Tiberio, el Emperador romano, donde erigirse en lo que te diera la gana y por derecho divino era un continuo y las consecuencias de quien protestase, conocidas. 

Este tipo de autoproclamaciones, se suceden a diario en todas las Empresas. Provocan un placer inefable en quienes las expresan, un placer cercano a los placeres mas instintivos y la profunda decepción de quienes se ven obligados a ser testigos de tamaña desfachatez.

Luego nos quejamos de la falta de implicación del personal y los resultados mediocres de Las Organizaciones. 

Al ser humano, inteligente (aquel que ha desarrollado un cierto espíritu crítico y es capaz de cuestionarse los conceptos y pensar por si mismo), no se le convence por las palabras, si no por los hechos. Cuanto más categóricos y más indiscutibles, mejor. 

Las personas funcionan por imitación de quien más admiran y por el sano egoísmo, por saberse colaboradoras de proyectos en los que también van a tener su recompensa, recompensa tangible, medible, cuantificable. Ambos puntos son ignorados en la mayoría de los casos por las cúpulas directivas y los pseudo-lideres.

El amor comienza cuando se hace sentir al otro que sus necesidades son tanto o mas importantes que las tuyas. El amor no se impone, se gana y el mal directivo de tanto amarse a si mismo, ignora, que hasta que no sea amado por sus colaboradores, no va a escindirse de la mediocridad, de la facturación irrisoria y de perder, tarde o temprano, su cargo. 

Un directivo de éxito lo es por que su equipo LE SIGUE. Es el equipo quien hace al buen directivo y no al contrario. Las apologías del YO de las que el pseudo-líder hace gala en público, jactándose además de ello, han de dejarse, para la familia –en el mejor de los casos-.

Un equipo humano es efectivo a todo gas cuando, previamente, se han analizado y gestionado adecuadamente desde la dirección, las diferentes individualidades, perfiles psicológicos y necesidades vitales de quienes lo componen. De otra forma es imposible extraer lo mejor de cada profesional y se acaba lidiando con personas que están presentes físicamente, con rendimientos al 40% de su capacidad real y con la mente divagando por escenarios más motivadores. 

Una dirección que no conoce lo que “verdaderamente” mueve a sus colaboradores; sus expectativas profesionales; económicas; de carrera; en definitiva, una dirección que no conoce los sueños de sus empleados, no debería liderar nada y mucho menos una Empresa. 

Para liderar a un equipo humano, hay que liderarse primero a uno mismo.

El movimiento se demuestra andando y las medallas hay que batallarlas, hay que lucharlas. Lo demás es arribismo e influencia mal entendida. 

Autoproclamarse líder cuando se está rodeado de un equipo de trabajo profundamente insatisfecho / desmotivado / no recompensado, debería estar penado por la ley: es el principio del fin de cualquier Empresa que quiera facturar / posicionarse en el mercado y denota una visión pobre, cortoplacista y arcaica de los negocios y de la comprensión fundamental del mundo y las personas. 

Un líder perfecto ha de vivir su realidad profesional bajo el Imperativo categórico de Kant: QUE TUS ACCIONES SE CONVIERTAN EN UN EJEMPLO UNIVERSAL.


Conviértete así en ejemplo para ti mismo y te convertirás en una referencia para tu equipo. 


El verdadero Líder, es el que es capaz de modificar las conductas erróneas de todo su equipo sin luchar. Sin convencer. Sin teorizar. El líder verdadero lo consigue por que su ejemplo es sencillamente demoledor, incuestionable. DIGNO. Todos siguen a quien es ejemplar. Es difícil, casi imposible, no seguir a quien se admira y se reconoce por sus hechos. 

Ser un Líder exige un trabajo continuo, diario, a toda prueba y una capacidad de sacrificio fuera de lo corriente. El líder no es el jefecillo de medio pelo escondido en un despacho o tras un plasma, que se autoproclama jefe, pagado de si mismo e insoportable en su narcisismo sin límite. Por ello los buenos directivos, los auténticos líderes escasean, es difícil encontrar a personas que estén dispuestas a hacer lo que nadie quiere hacer. A ensuciarse las manos. A salir casi de forma constante de su zona de confort. A ir más allá de sí mismo y lograr que el resto también estén dispuesto a hacerlo por iniciativa y deseo propio.

El verdadero líder es un soldado en primera línea de fuego que sabe y conoce perfectamente la labor profesional y las dificultades a las que se enfrentan todos y cada uno de los componentes de su equipo y está cuando tiene que estar y lo hace por que, probablemente, ya lo hizo al principio de su carrera profesional y conoce La Empresa Real casi tan bien como se conoce a sí mismo. 

El líder no es el que se lava las manos cuando hay problemas y culpa al otro. El líder asume que el fallo de su equipo es producto de su propia gestión y que ha llegado la hora de cambiar. Por que cambiar lo que se hace mal o lo que es susceptible de mejora es permanecer en el camino hacia el éxito. 

Sólo los estúpidos permanecen instalados en el error y aún a costa de ellos mismos. Y de tanta estupidez en La Empresa Real, hay tanta falta de resultados; tanta insatisfacción; tanto absentismo laboral; tantas insolvencias y tanta mediocridad.

  • Ponerse al servicio del Equipo. 
  • Ser Empresa. 
  • Ser humano. 
  • Movilizar el pensamiento pasiónal, que es el principio de cualquier movimiento. 
  • Movilizar capacidades. 
  • Ser capaz de sacar lo mejor de todos y cada uno de los colaboradores, de los auténticos artífices de La Empresa Real. 
  • Recompensar la Excelencia.
  • Invitar a escindirse al mediocre, a quien no quiera estar a la altura. 
  • No competir contra la competencia, si no contra uno mismo.

Si a algún directivo le quedan dudas, le invito a ver “300” y a reflexionar sobre el perfil del Rey Leónidas. Es un magnífico ejemplo de lo que debería ser el Líder perfecto. El líder que nace líder, en una palabra. 

Donde no llega la genética, ni el ADN, debe llegar siempre la inteligencia para aprender de quien sabe hacerlo mejor.


Aprendamos.


Dejemos pues de hablar de Liderazgo y HAGAMOS Liderazgo. Hablemos menos y HAGAMOS más. Recordemos que la razón de cualquier Empresa es ganar dinero y el dinero sólo se gana cuando las personas son capaces de trabajar al 1000 % de sus capacidades y con toda la pasión y focalización al objetivo real de las que sean capaces. O dicho de otra manera, cuando son guiadas por un Líder que las hace sentirse respetadas y queridas.


Leónidas. 
“300”.

lunes, 6 de febrero de 2017

DER TON MACHT DIE MUSIK / EL TONO HACE LA MUSICA


Esta bonita expresión germánica, indica algo así como que “el tono, hace la música” o lo que es lo mismo, la manera en la que decimos las cosas a nuestros interlocutores, repercute directamente en la reacción de los mismos y en sus acciones posteriores. 

Partiendo de este punto, me gustaría realizar una reflexión en verso a lo mal que se utiliza el lenguaje en el entorno de la empresa y sobretodo, en la falta de “tono”.

Es inaceptable que en un entorno laboral, en el medio en el que, a fin de cuentas pasamos el 95% de nuestro tiempo, el lenguaje y las formas (la comunicación en definitiva), se utilicen tan mal y en detrimento -lógicamente- de los resultados, resultados que son obtenidos por personas.

El universo tecnológico con el que nos vemos obligados a trabajar ha propiciado, sin duda, que el tono haya dejado de ser tan importante (lo que prima es la rapidez, la inmediatez) y el contacto con el otro (nuestro subordinado; nuestro superior; nuestro compañero; nuestro proveedor; nuestro cliente), reducido a su más ínfima expresión. 

La recepción de un e-mail; de una llamada; de un whatsapp, debería ser un motivo de alegría. Un reto. Una positiva sorpresa. Un mensaje no deja de ser una novedad. En el peor de los casos, un mensaje es siempre una oportunidad. 

El problema viene cuando uno se para detenidamente a analizar el mensaje. Sea este de origen oral o bien escrito. Algunos son simplemente caóticos, otros innecesarios, incluso los hay que rozan el mal gusto por estar llenos no sólo de faltas de ortografía o de frases incoherentes, mal construidas y apresuradas. Mensajes que revelan que, el emisor no muestra el más mínimo respeto por el receptor, en una palabra. 

Se habla sin pensar en lo que se va a decir, sin reflexionar lo que “se quiere transmitir”. Se escribe sin someter a juicio que, lo que se escribe, queda escrito para siempre y que en muchas ocasiones no lo hace nuestro pensamiento crítico y objetivo, si no nuestra amígdala (la parte del cerebro encargada de las emociones). Se habla sin recordar que uno es esclavo de sus palabras y dueño de sus silencios. 

El mensaje entre emisor y receptor, acaba perdiendo así su sentido y creando más toxicidad en la empresa y los resultados que una fuga de gas. 

Se olvida el tono. Se obvian las necesarias maneras. Se olvida que nos estamos dirigiendo a un aliado (en la empresa todos somos aliados) y no a la pantalla de un ordenador. Se olvida la necesaria humanidad, dando rienda suelta, en muchos casos, a lo peor del ser humano.

Finalmente se olvida la función fundamental de la comunicación humana, que no es otra que la transmisión de un mensaje concreto a modo de obtener la mejor de las reacciones en el mínimo tiempo posible y lograr una reacción POSITIVA de nuestro interlocutor. 

Curiosamente, esta falta de tacto y savoir faire se da, frecuentemente, entre directivos y gerentes, o sea, entre los que han de ser los auténticos líderes de la empresa, guías de su equipo e inspiración de sus clientes y compañeros de negocio.

La comunicación se convierte entonces en la incomunicación. En un dardo envenenado, que consigue crear un clima tóxico de miedo, desconfianza y agresividad, es decir, lo contrario de lo que cualquier líder pretende en un equipo.

Curiosamente, cuanto más se asciende en la jerarquía empresarial, más inquietantes son los e-mails. Algunos serían incluso, dignos de un estudio psiquiátrico. El lenguaje y la escritura (el tono del que venimos hablando), revelan casi todo, de una persona y de su carácter.

Si queremos obtener mejores resultados empresariales, si queremos conseguir un equipo fuerte y conexionado, si queremos ganar en autoridad MORAL con nuestros equipos, hemos de revisar a conciencia, el TONO en el que nos comunicamos con los demás.

La capacidad del lenguaje es intrínsecamente humana. Debería ser, de hecho, lo que nos separara de los animales (si bien tras observar como se comunican, lobos, delfines y chimpancés, entre otros numerosísimos animales, subrayo lo mucho que deberíamos aprender de ellos, viendo lo visto).

La utilización del lenguaje, de la comunicación oral y escrita, es otra de las grandes asignaturas pendientes de la empresa y el entorno laboral. Si midiéramos en costes anuales, la repercusión económica de las malas maneras; la falta de TONO; los e-mails desacertados y/o fuera de lugar; las llamadas llenas de pólvora incendiada; de la falta de consideración por el otro, en una palabra, muchos propietarios de compañías se llevarían las manos a la cabeza. 

Las palabras son bombas llenas de significado. La palabra y el TONO adecuados en un momento justo, puede incrementar la productividad y los resultados del receptor en un 1000% o bien hundirlo durante los próximos días en la más absoluta de las miserias, en detrimento SIEMPRE de la organización. 

Merece la pena pues, revisar lo que podemos mejorar, lo que podemos embellecer en nuestras organizaciones a partir de hoy mismo. Nuestra facturación y, por supuesto, nuestra supervivencia como empresa, depende de personas. Comuniquémonos con ellas como nos comunicamos con nosotros mismos. 

No hace falta y hablar y escribir como Goethe, simplemente hace falta hablar y escribir desde el profundo respeto y consideración por el otro.


jueves, 3 de noviembre de 2016

UN LÍDER EN EL ADN


“He escuchado que enviarán a dos personas a Marte y me gustaría ir, pero tengo 7 años y no puedo“.


Esta declaración de principios fue esgrimida por Dexter Anderson en la carta que le escribió a la NASA hace unas semanas y que ha dado la vuelta al mundo, como no podía ser de otra manera.

Este niño-promesa merece ser el protagonista absoluto de mi sección “Empresa y Liderazgo” de esta semana, sin duda alguna.

La carta que ha escrito a la NASA en la que expresa su deseo de ir a Marte, en la que reconoce, que aunque quiere, aún no puede y en la que pregunta que es lo que tiene que hacer para ir a Marte en un futuro, es el compendio perfecto de lo que es un líder de nacimiento. Un líder de tripa. Un líder de víscera. El líder que necesitaría cualquier empresa que quiera estar en el mercado y progresar sin límite. 

Dexter podría, con sus 7 añitos, dar clases de liderazgo en las universidades más prestigiosas del globo.

Me gustaría analizar, brevemente, lo que más me ha llamado la atención en su carta de niño de 7 años:


“Quiero ser astronauta”: Dexter tiene un sueño.

“Pero aún no puedo por que tengo 7 años”: Aunque es consciente del obstáculo que representa su edad (aún), sabe que es sólo una circunstancia temporal.

“Esta carta está dirigida a la NASA, directamente”: Dexter escribe a la NASA, con la misma naturalidad que escribiría a su mejor amiguito del cole o a sus primos de Wisconsin. Dexter no se deja intimidar por la NASA, contempla trabajar con la élite con naturalidad. Dexter no tiene miedo de nadie.

“Quiero ir a Marte”: Dexter tiene clarísimo el objetivo. No está confundido, no se pierde en el todo. Dexter enfoca. Sabe dónde quiere ir. No duda.

“Díganme Uds., Sres. de la NASA, ¿qué tengo que hacer para ir a Marte?: Dexter sabe que ir a Marte implica una tremenda responsabilidad e intuye que habrá de prepararse a conciencia. Pregunta a quien sabe más que él, cuáles son los pasos que ha de dar. Dexter tiene humildad para aprender.

“¿Qué tengo que hacer para convertirme en astronauta?”: Dexter está dispuesto a luchar y a sacrificarse por conseguir su objetivo. Sabe que, no sólo tendrá que estudiar y prepararse muy a fondo, si no que está dispuesto a pagar un peaje en forma de tiempo; dedicación; energía y estoicismo en una palabra. Lo ha interiorizado.

“Me dibujo dentro del cohete”: Dexter realiza una visualización objetiva de su sueño. En su cabeza se ve ya como astronauta de la NASA y pisando Marte. Se centra en el resultado y aunque conocedor del camino que le espera, sin duda duro, la pasión por conseguir lo que ama con todas sus fuerzas está por encima de todo lo demás.


Contemplando la foto del encabezamiento, vemos pura vida. Vida en vena. Vida y alegría a raudales. Contemplando la foto y releyendo la carta, Dexter se convierte en una fuente de inspiración para todos y aplicable tanto a la empresa como a la vida. 

Resumiendo las características que definen al líder de nacimiento:


· TIENE UN SUEÑO

· NO SE DEJA INTIMIDAR POR NADIE

· ES CONSCIENTE DE LOS OBSTÁCULOS, PERO LES HACE FRENTE CON ENTEREZA

· TIENE CLARÍSIMO EL OBJETIVO CONCRETO

· TIENE HUMILDAD PARA APRENDER CONSTAMENTE

· ASUME CON VITALIDAD LA LUCHA Y EL SACRIFICIO PERSONALES QUE IMPLICA EL LOGRO DE SU OBJETIVO

· ES PURA PASIÓN Y PURA VIDA

· TIENE CARISMA Y ES UNA FUENTE DE INSPIRACION PARA EL RESTO


Seguramente los padres de Dexter tienen mucho que ver en que el diamante en bruto que es su hijo, se exprese en estos términos a una edad tan temprana. Sin duda han inculcado en su hijo los valores que hay que fomentar en los niños para que se conviertan más tarde en los líderes de su propia vida y que constituyen la base del éxito personal y profesional. Sus padres le han dado alas para “ser”.

¿Qué hacer sin embargo, cuando no se ha nacido con una carga genética como la de Dexter, ni se goza de unos padres como los suyos?

Copiarlo. Aprender de él. Cuestionarse, veamos:


· APRENDER A SOÑAR DESPIERTO

· PROMOVER LA AUDACIA PERSONAL

· VIVIR APRENDIENDO. APRENDER DE FORMA CONTINUADA DURANTE TODA LA VIDA

· CLARIFICAR LOS OBJETIVOS

· ASUMIR QUE EL CAMINO A LA EXCELENCIA Y EL ÉXITO SON EL FRUTO DE TRABAJO DURO; CONSTANCIA; DISCIPLINA ESTOICA Y RENUNCIAS

· INTERIORIZAR QUE SIN ALEGRÍA DE VIVIR Y PASIÓN ES IMPOSIBLE CONSEGUIR NADA. 

· INSPIRAR A TRAVÉS DE NUESTRAS ACCIONES, NUNCA A TRAVÉS DE NUESTRAS PALABRAS


El líder nace, se es. El líder tiene otra genética. Un ADN diferente, único que le hace sobresalir y destacar por encima de la media. Un líder es vida pura con patas. Un líder es un corazón que late fuerte y un cerebro que no para de soñar cosas que pueden y deben ser hechas de otra manera. Un corazón y un cerebro que van de la mano y no se separan jamás, por que quien separa corazón y cerebro; cerebro y corazón, no puede tomar decisiones sabias.

Pero aún cuando la genética no dota de semejante regalo, siempre se puede copiar. Siempre se puede integrar en la propia vida y en la empresa la actitud del líder, la estructura mental del líder, el modus-operandi del líder y rechazar de entrada las actitudes contrarias a lo expuesto arriba, rechazar los contrarios por definición. Por que las empresas y las personas que no sueñan; que no quieren superar los obstáculos; que no tienen claros los objetivos; que no asumen las responsabilidades; que no tienen humildad para aprender; que no asumen los sacrificios implícitos y que no visualizan sus logros positivamente, no llegan a ningún lado.

Me he convertido en la fan número 1 de este niño fantástico que quiere ser astronauta. Se ha convertido para mí en una fuente inspiradora y motivadora llena de ternura. En mis días más duros, releo la cartita de autos e inmediatamente, aparte de sentirme mejor, vuelvo a interiorizar los básicos del líder total.

Creo que todas las empresas que se precien deberían leer a Dexter y reflexionar de todo lo que podemos aprender de esta criatura de 7 años. 


Yo, a veces, también quiero ser astronauta.

martes, 4 de octubre de 2016

BREAK EVERY RULE, ¿ELLAS….QUIEREN?


Me veo obligada, moralmente, a hablar de mujer y empresa, yo, que siempre hablo del ser humano, sin distinción de género, porque considero que, a estas alturas de la película, hablar de “techos de cristal” ya no da lugar y hay que comenzar a hablar claro.

Independientemente del país donde me encuentre, sea Alemania, Francia o Italia, lamentablemente se trata de un fenómeno general que no conoce fronteras, me topo con artículos relacionados con “el techo de cristal”; “ la poca presencia de mujeres directivas en las empresas”; “la dificultad de la conciliación” ; “por que las mujeres ganan menos que los hombres”… y un largo etc, etc…y leyendo todo esto tengo la impresión de que el colectivo profesional femenino es una minoría oprimida, tratada de manera injusta e inaceptable por las empresas y la sociedad en general. 

Leyendo según que cosas parece casi que el colectivo profesional femenino fuera la minoría racial negra de los EE.UU en los sesenta, poco más o menos.

Ahora me gustaría dejar las teorías de la conspiración contra la mujer profesional que tanto venden en los diversos medios de comunicación y bajar a la realidad del entorno profesional y la empresa.


Pongamos los pies en la tierra. Bajemos. 


Primero e independientemente de cuestiones de género, seamos conscientes que no todo el mundo tiene el PERFIL DE CARACTER (la preparación se presupone), para ser empresario/a; directivo/a o bien ejercer un cargo de responsabilidad en una organización. 

No todos/as tenemos las mismas capacidades, por lo tanto, la decisión de formar parte de una vida profesional de complejidad y responsabilidad (y el mundo de la empresa lo es y mucho), ha de partir de la toma de una decisión ejecutada de forma libre; natural y tomada a conciencia.


Ni todos los hombres están capacitados, ni todas las mujeres. Comencemos por aquí.


Vayamos ahora a ese tanto por ciento de personas (hombres y mujeres) que deciden "hacer carrera" y aspiran a triunfar profesionalmente en su sector. Su ascenso y éxito posterior, van a depender, ENTERAMENTE, de la pasión y el convencimiento diario por SER EMPRESA, aportar y crecer y poco o nada va a tener que ver con el hecho de ser hombre o mujer, si no con la capacidad de APORTAR de manera SUBSTANCIAL.

El gran talón de Aquiles de las empresas es la necesidad de Capital Humano de calidad. De personas capaces de generar; negociar; solucionar y con la suficiente ambición y pasión como para no desviarse de su objetivo ni medio milímetro. 

Las empresas quieren RESULTADOS y poco les importa aquí el género. No viven del género; ni de las cuotas; ni de la teoría; viven y sobreviven gracias a lo que GENERAN. No olvidemos pues, de donde partimos.

A estas alturas del S.XXI, la mujer está exactamente donde ella decide que quiere ESTAR: La mujer ha ido al colegio. Tiene la opción de prepararse. Puede acceder a la cultura. Puede votar. Puede decidir si quiere casarse o no. Puede decidir si quiere ser madre o no. Y cuándo quiere serlo. La mujer puede decidir ser astronauta si ello le apasiona o formar una familia numerosa. La mujer puede decidir hacer, en una palabra, lo que le de la real gana. 

Cada mujer, como cada hombre, aspira y quiere cosas diferentes en su vida y cada cúal ha de tener la HONESTIDAD suficiente para saber construir LO QUE QUIERE y convertirse en el ARQUITECTO/A de su vida, la personal y la profesional y por supuesto LUCHAR por ello, sean cuales sean los obstáculos que, sin duda, van a aparecer por el camino. Que son muchos. Los ascensos nunca son fáciles ni son producto de la suerte.


Cualquier ascenso está lleno de sacrificios; renuncias; esfuerzo y resistencia, psíquica y psicológica, recordemos.


Como en otras tantas esferas de la vida, se culpa AL OTRO, de la propia desgracia, cuando –en la inmensa mayoría la desgracia propia es el resultado de la mala gestión – también propia- en las decisiones tomadas. 

La mujer ha de dejar YA de quejarse, culpar al hombre; a la sociedad; al estado y al mundo entero de su no- desarrollo profesional y ponerse manos a la obra (si es su deseo) y desde hoy mismo a CAMBIAR LA REALIDAD QUE NO LE GUSTA. Porque depende ENTERAMENTE de ella y su capacidad y convencimiento, el conseguirlo.

La mujer que quiere triunfar en el entorno empresarial, puede hacerlo : sólo necesita prepararse a fondo, apasionarse y volcar su preparación y pasión al 1000% en su objetivo. Como cualquier deportista de élite. Las medallas no se consiguen luchando a medio gas, sin convencimiento y culpando al otro de la mala suerte. Seamos serios y sobretodo, autocríticos.

La mujer se auto-limita. Se auto-impone un “techo de cristal” que es de su propia invención y fruto de su (en muchos casos) educación basada en la sumisión; su MIEDO a desentonar del entorno social y el establecimiento de sus prioridades vitales (que en muchos casos son otras). 

La maternidad, por ejemplo. La dificultad en la conciliación. No conozco a ningún hombre, profesional, con ese problema. A ninguno le afecta lo más mínimo ser padre de uno o varios hijos y una casa. La explicación es muy simple: a su lado hay una mujer que se OCUPA DE TODO, sin rechistar y soportando no una doble jornada, si no una triple jornada laboral (trabajo de responsabilidad a jornada completa, casa y niños) y TOLERA que su pareja continúe con su vida como si nada hubiese cambiado y sin asumir la más mínima responsabilidad.

La mujer que CONSIENTE esta situación es cooperante directa de su inaceptable situación y no la empresa, ni el estado. 

Tolerar lo intolerable en nombre del amor mal entendido, es culpa de uno mismo y de nadie más. Seamos coherentes. 

La aceptación del ABSURDO SOCIAL que se impone desde fuera es lo primero que ha de CAMBIAR la propia mujer si quiere y desea realizarse profesionalmente y por supuesto, vitalmente.

Son las madres las que han de educar a sus hijas en la importancia de prepararse a fondo; de SER y PENSAR libremente; de ser INDEPENDIENTES económicamente para construir la vida que desean y no la que le viene impuesta desde el exterior.

No conozco a ninguna empresa que rechace un buen proyecto; una gran idea; excelentes resultados o una gestión brillante por que venga de un hombre o de una mujer. Las empresas buscan y pagan Capital Humano como buscan y fidelizan clientes: exactamente de la misma manera, por que, sin ambos, no hay empresa, ni beneficios. Sencillamente.

Al igual que hombres, conozco mujeres para las que trabajar es un castigo divino. Mujeres que no aportan nada. Mujeres que se piensan que la empresa es una portería donde dar rienda suelta a todas sus frustaciones y problemas personales y donde en el argot decimos que “calientan el asiento” sin aportar absolutamente nada, salvo la insoportable queja constante.

Pero conozco a otro tipo de mujeres (y hombres), tremendas; preparadas; con visión y pasión; audaces; sin miedo a la vida; que han llegado o están a punto de llegar donde se han propuesto por que se levantan cada día para hacer camino, sin prisa pero sin pausa; conscientes de su misión; rompiendo techos inexistentes de cristal; barreras absurdas; poniendo resultados brillantes encima de la mesa y –en definitiva-, autoras de su propia vida, la personal y la profesional. 


-Mujeres que HACEN.

-Mujeres que saben decir NO

-Mujeres que se atreven a PEDIR por que lo que RECIBEN no es SUFICIENTE, ni ACEPTABLE.

-Mujeres que no TOLERAN lo INTOLERABLE.

-Mujeres que no se CALLAN cuando saben que tienen RAZÓN.

-Mujeres que INTERVIENEN cuando tienen que INTERVENIR.

-Mujeres dispuestas a CAMBIAR de EMPRESA y de PAÍS, si sus condiciones son SUSCEPTIBLES de MEJORA.

-Mujeres dispuestas a cambiar de IDIOMA; de CULTURA; de ENTORNO y hacerlo convencidas e ilusionadas. 

-Mujeres que saben VENDER SU TALENTO y no se avergüenzan por ello. Por que no hay que avergonzarse de lo que se ES, ni de lo que se SABE y lo que no se VE, no EXISTE y es obligación propia HACERLO VISIBLE.


No hemos nacido con una soga al cuello. Tenemos un cerebro para PENSAR y DECIDIR qué queremos SER y dónde queremos ESTAR. Y todas las opciones son válidas y respetables, recordemos. 

Todo depende de ELLAS. De sus ganas y su audacia. De atreverse a romper con lo que se espera de ellas (el silencio ¿?), de embestir contra el absurdo social que pretende desperdiciar el enorme TALENTO de seres humanos de género femenino. De cambiar el NO castrador por el revolucionario. 


La pregunta es, ¿ELLAS….QUIEREN?

martes, 20 de septiembre de 2016

CRIMEN Y CASTIGO


Recientemente tuve la oportunidad de visualizar un campeonato de patinaje artístico del más alto nivel. 

Estaba disfrutando enormemente de la ejecución del ejercicio, cuando la patinadora (campeona olímpica, para más señas), falló una pirueta de extraordinaria dificultad y se estampó contra el suelo para el desconsuelo de todo el público.

La música que acompañaba de fondo a su bellísimo ejercicio continuaba sonando: la patinadora se levantó como si nada hubiera pasado y, mostrando una sonrisa al público de oreja a oreja (que clarísimamente ocultaba el dolor producido por el golpe y la frustación de los puntos con los que la iba a penalizar el jurado), continuó patinando como si nada hubiera ocurrido y dispuesta a darlo todo. 

En la empresa, como en la vida, no podemos permanecer anclados en el error, ni mucho menos anclar a nadie en el mismo. Hay que dejar de contemplar el error como un crimen que ha de ser castigado y contemplarlo como una experiencia, negativa pero –sobretodo- necesaria:


Sin error no hay aprendizaje.

Sin aprendizaje no hay evolución.

Sin evolución una empresa y su equipo, están condenados a morir lentamente.


Las empresas y equipos que mueren lentamente, acaban siendo devoradas por La Competencia.

Esto que parece tan evidente, es sin embargo, una lacra en el mundo de la alta dirección. Un directivo/a no se equivoca jamás. Sus carreras varias, dominio de diversos idiomas, estancias en el extranjero y probado virtuosismo de la gaita clásica celta, no le permiten equivocarse, ni mucho menos, reconocer un fallo (faltaría más). 

Esta actitud tan mezquina y tan contraria a los necesarios valores éticos que se le presuponen a un directivo/a, instauran en las organizaciones una cultura de la perfección mal entendida, acompañada de una cultura del castigo público, acusador y más propio de sociedades medievales que de la empresa que queremos y que hace la vida de todos los departamentos y los responsables que las integran, muy difícil y escasamente productiva. 

Las empresas y los directivos/as con tolerancia 0 al humano (y necesario) error, son organizaciones envenenadas que, por extensión, envenenan a cualquier ser humano que trabaje en la misma e independientemente de su posición en el organigrama empresarial.

La cuestión fundamental aquí es: ¿por qué se vive el error como una tragedia griega? ¿por qué es tan difícil reconocer una simple equivocación? ¿por qué es tan difícil entonar un “mea culpa”?

La explicación es clara: porque se vive el error desde el Ego y se percibe como un ataque directo a la persona, como un ataque directo a nuestra capacidad, a nuestra valía y eso convierte a cualquiera en una diana de la vulnerabilidad social y profesional: nuestra sacrosanta imagen de perfección puesta en evidencia ¡por un error! ¿? ¡No! ¡¡Jamás!! Cualquier cosa antes que reconocer un humano (y valioso): “Sí, me he equivocado”. Es mejor ocultarlo, obviarlo, mentir y en el peor y frecuente de los casos, culpar a otro (normalmente de rango inferior en la jerarquía).


En la jungla de la empresa, cualquier cosa vale con tal de evitar la humillación pública.


El error (el humano y necesario error), alcanza así la categoría de crimen por quienes mandan, institucionalizando un miedo generalizado que no sólo frena la necesaria productividad, si no que se convierte en el flagelo lacerante de cualquiera que ose arriesgar o asumir mas riesgo del necesario o dar rienda suelta a su creatividad y plantearse hacer las cosas desde otra perspectiva. Ya sabemos que el miedo y la culpa son los principales castradores de cualquier ilusión y avance, o lo que es lo mismo, de cualquier proyecto interesante que merezca la pena ser tenido en cuenta. Y la empresa los necesita si quiere continuar viva. Recordemos.

Quien manda desconoce, sin embargo, que la verdadera autoridad, no es la que figura en la puerta del despacho, ni tampoco en la tarjeta corporativa, si no la otra, La Autoridad Moral, que es siempre el resultado de la coherencia entre los valores éticos y los hechos que les acompañan, y ésta, la que no está escrita en ningún sitio, es la que permite que el bendito error tenga lugar, se asuma, se corrija y sobretodo, sirva de revulsivo, de mejora, de reubicación y crecimiento, además de permitir que todos y cada uno de los departamentos y personas que configuran la organización vivan su labor diaria de manera más humana y sin temor a ser despedazados por un superior que no se equivoca jamás.

La excelencia profesional sólo puede tener lugar a partir de la excelencia humana y ésta se construye a base de tropiezos, equivocaciones, decisiones mal tomadas y de levantarse de las muchas y dolorosas caídas que, afortunadamente, tienen lugar. 


A ninguna empresa ni directivo/a debería interesarle alguien que no se equivoque. 

Alguien que no haya cometido errores. 

Alguien que sea pluscuamperfecto y que lo haga todo bien. 


Alguien que ha fallado un salto, -como nuestra patinadora del inicio-, es alguien que ha intentando asumir mucho riesgo, un ser que no se contenta con la mediocridad, que no se conforma con no intentarlo, que no quiere lo que ya tiene, que se aburre ya de la naturalidad con que ejecuta lo habitual y quiere y necesita más. Alguien que busca un 10, en definitiva.

Quien se equivoca es alguien que ha salido de su zona de confort por que se aburría y decidió ir a por más y no quedarse acomodado/a en la pasmosa e intolerable inanición de los que nunca se equivocan y castigan sin piedad a los que lo hacen, con todo el escarnio del que son capaces. 

Demos pues la bienvenida más cálida a nuestros bellos y necesarios errores. Son quienes han hecho posible que lleguemos hasta aquí y seamos lo que somos.

Ninguna universidad, ningún master, ninguna enseñanza nos proporcionará jamás más sabiduría que la de los bellos y los lamentables errores que hemos cometido. Incluso los que mas nos avergüenzan. 

Recomiendo fervientemente la equivocación y el error como agitadores de conciencia y puertas a la excelencia profesional y vital, si queremos construir empresas y equipos fuertes, concienciados y convencidos de la tremenda necesidad de asumir riesgos incluso a pesar de nuestros errores.


lunes, 11 de julio de 2016

ARDOR GUERRERO


Mi día a día en el mundo del acero es lo más parecido a una guerra de lo que nadie se pueda imaginar. Soy consciente de que inicio una batalla que sé como empieza y que quiero que acabe con éxito, si es posible ,incluso, con la gloria y para ello todas mis facultades –sin excepción- han de estar operativas al 100%. Un solo fallo, un despiste, un movimiento en falso, pueden suponer la pérdida de millones de euros anualmente y con ello la pérdida de la guerra, en una palabra y traducido a negocios, a nuestra desaparición del mercado.

En la toma de la decisión correcta, hay un factor determinante, que, aunque parece obvio , es, en su sencillez, el más complejo de todos:

La gestión del miedo.

Todos tenemos miedos e inseguridades y quien no lo reconozca, miente. El miedo es humano y necesario, nos advierte de un peligro , de una amenaza y nos hace ser prudentes, cautos. Hasta ahí todo bien. El problema surge cuando el miedo paraliza, impide pensar con claridad, frena nuestra preciada estrategia y, o bien, nos hace tomar una decisión incorrecta o lo que es peor, bloquea cualquier tipo de decisión.

Hace unos días mantenía una apasionante conversación con un amigo mío, militar de carrera, quien, refiriéndose a los saltos en paracaídas, me decía:

“Cris, el primer salto es el fácil. El segundo es el peor, por que ya sabes a lo que te enfrentas”.

Esta sentencia taxativa, brillante en su sencillez militar, absolutamente concisa, me hizo recordar inmediatamente mis inicios, hace 18 años ya, cuando comencé a exportar acero a Alemania, desde Barcelona y era la primera en hacerlo. Cuando “salté” por primera vez y puse el pie en territorio “virgen”. 

Feliz e inconsciente. Feliz en mi inconsciencia. 

Con el paso de los años y a medida que mi conquista del territorio se extendía al resto de Europa, al resto del mundo, la interiorización de la tremenda responsabilidad que tenía (y continuo teniendo), me hizo sentir, si no miedo, mucho respeto: ya sabía a lo que me enfrentaba, ciertamente.

El segundo salto del que me hablaba mi experimentado amigo militar, es siempre más difícil que el primero, sin duda. Sin embargo, el convencimiento de saber que hacemos lo que hemos elegido, que estamos muy preparados para hacerle frente y la enorme ilusión de lo nuevo (no hay dos saltos iguales), es lo que nos proporciona la energía y la motivación para “superar” el humano miedo y substituirlo por el “Ardor Guerrero”, lo que en el argot militar se conoce como la adrenalina total que te permite afrontar una “operación” en la que has de ejercer labor de mando sobre ti mismo y estar a la altura de las – con toda probabilidad-, complicadas circunstancias que has de afrontar. 

Sólo los auténtica y genuinamente “vocacionales”, es decir, los que sienten auténtica pasión y convencimiento por su trabajo son capaces de gestionar el miedo con dignidad y substituirlo por el “Ardor Guerrero” del que hablábamos antes. 

En las circunstancias límite a las que nos tenemos que enfrentar cada día en nuestras empresas y en la vida, el mundo militar tiene mucho que enseñarnos, particularmente, en este sentido.

La peor decisión es la que no se toma. 

La peor circunstancia que puedo imaginar es convertirse en víctima de la circunstancia.

La incapacidad para asumir riesgos es, sencillamente, letal y debemos prescindir de ella siempre.

Soy testigo, a diario, de muchas decisiones mal tomadas o de ninguna decisión tomada en absoluto, producto de la mala gestión del miedo. Este comportamiento, erróneo, se traduce en pérdidas económicas tremendas para cualquier compañía. 

El miedo paraliza y destruye cualquier progreso. Cualquier necesario avance. Cualquier conquista. 

Hemos de saltar en paracaídas. Y hemos de realizar el salto preparadísimos. Hemos de prepararnos a fondo, física y mentalmente, para continuar viviendo; haciendo empresa; superándonos: para continuar conquistando nuevos territorios, pero, sobretodo, para continuar conquistándonos a nosotros mismos, sin duda, la más difícil de todas las conquistas posibles. 

Cultivemos siempre un sentimiento de proactividad máxima, un sentimiento de respuesta, de resolución ante las adversidades y las emergencias. Un sentimiento de confianza plena en nosotros y nuestras capacidades y por extensión, en nuestros equipos.

Finalmente, todos somos soldados en esta batalla diaria que es la empresa y la vida. 

Por muy humano que sea el miedo, substituyamoslo por “Ardor Guerrero” y… saltemos!



miércoles, 29 de junio de 2016

LA EMPRESA PRO-HUMANA


Por motivos profesionales me veo obligada, muy a menudo, a coger aviones. Volar me desconecta de la rutina y me da amplitud de miras. Desde arriba, las vistas son panorámicas. Amplias. Esperanzadoras, incluso. 
Mas tarde entenderá por que le hablo de esperanza. 

Durante mi último vuelo, volviendo de Colonia a Barcelona, la perspectiva panorámica del verde infinito de los campos alemanes, me llevó a ejecutar una profunda reflexión en cuanto a la inhumanidad imperante en gran parte de las empresas españolas, en general y sus graves consecuencias a nivel personal y en términos de competitividad y resultados.

Normalmente las empresas son el vivo ejemplo de la política y la cultura de un país y en un 80 % de los casos suelen funcionar de maneras similares, (aunque siempre hay honrosas excepciones).

Una de las grandes -y definitivas- diferencias entre la empresa alemana y la empresa española, es la cultura y la filosofía de respeto absoluto por sus empleados y por sus derechos. Esta cultura del respeto se retro-alimenta en las dos direcciones: de empresario/empresa a empleado y de empleado a empresario/empresa y si bien es cierto que los alemanes nos llevan 200 años de adelanto en este sentido, yo, que soy partidaria (en lo personal y en lo profesional) del aprendizaje y formación continuos, pienso que la empresa española aún está a tiempo (y debe) aprender mucho de Germania. 

España se encuentra a la cola de la competitividad europea y si analizásemos el grado de satisfacción de la clase obrera en este país, no llegaría ni a un 5 (en una escala del 1 al 10). Si bien no voy a entrar a analizar ahora todos y cada uno de los factores que contribuyen a este desastre, si que me voy a referir a uno importantísimo y determinante en la productividad y los resultados de cualquier empresa e independientemente del sector al que se dedique y que, por definición, engloba a todos los demás.

Este factor determinante al que hago referencia se llama Respeto. Respeto a los obreros/colaboradores/ empleados que constituyen la empresa y de quienes depende la productividad y los resultados, algo que muchos empresarios deberían cuestionarse en profundidad. 

Lo que un ser humano no hace por dinero, lo hará por cariño y por respeto, créame. Y una persona respetada, cuidada y querida, aumentará su productividad al 100% aunque quizás sus condiciones de trabajo y económicas no sean precisamente las ideales. Recordemos siempre que estamos trabajando con personas de las que dependen nuestros resultados, nuestra productividad y nuestra rentabilidad como compañía. Nuestra competitividad, en una palabra.

Se impone un replanteamiento urgente en verso a como estamos tratando a nuestro equipo. Planteémos a grosso modo, las cuestiones siguientes:


1- Esta Vd presente en su empresa?

2- Saben sus empleados que Vd está dispuesto a escuchar su crítica constructiva?

3- Está Vd dispuesto a aceptar dicha crítica y reaccionar de una forma pro-activa?

4- Agradece Vd a sus empleados su crítico feed-back?

5- Es capaz de reconocer sus propios errores y disculparse por ello?

6- Busca Vd la comunicación con sus empleados?

7- Esta y quiere solucionar los conflictos internos que puedan presentarse?

8- Es Vd una persona íntegra y con conocimiento del ser humano?

9- Promueve Vd una cultura dinámica y motivadora de equipo en la que todos sus integrantes se sientan parte?

10- Compensa a quien se esfuerza, fomentando una cultura interna de la meritocracia?

11- Es Vd feliz trabajando y transmisor de felicidad en su compañía?


Creo que muy pocos directivos -en un acto de honestidad absoluto-, contestarían afirmativamente -al menos- a 5 de las cuestiones planteadas. Con esto queda dicho todo, lamentablemente.

Vd podrá comprar con dinero las mejores máquinas, la tecnología más avanzada y probablemente fabricar un producto de calidad superior. Pero si su personal esta totalmente decepcionado con Vd y mas desmotivado aún con su actitud prepotente y egocéntrica, mas vale que pare máquinas, se tome un café y realice un saludable ejercicio de necesaria autocrítica que le saque a Vd y su equipo de las cavernas empresariales y les haga ver la luz. 

Queremos una empresa sostenible. Queremos la empresa que necesita España para salir de la profunda crisis económica y social en la que se encuentra y de la que depende la supervivencia y la calidad de vida de tantas familias y con ello nuestra imagen a nivel internacional. 

El tejido empresarial de un país es su cimiento y la base de su economía.

Necesitamos empresas fuertes, consistentes, constituidas por seres humanos que trabajan con seres humanos y no con cosas. La cosificación del capital humano en las compañías es una de las principales causas de los resultados mediocres y la preocupante pérdida de competitividad que presenta nuestra economía y nuestro país. 

No necesitamos jefes. 

Necesitamos líderes absolutamente empáticos, inspiradores. Líderes de un nuevo rumbo económico y por lo tanto social, orgullosos de formar parte de una nueva forma de crear y hacer, una empresa donde todas y cada una de las partes que la componen quieran luchar conjuntamente y absolutamente motivados por un crecimiento constante, persiguiendo la excelencia como objetivo vital y profesional. 

Un entorno donde el desarrollo personal, profesional y económico, sea posible para todas y cada una de las partes que lo forman. Incluidos los empleados, en primer lugar, como verdaderos artífices de lo posible y tradicionalmente tan injustamente valorados. 

Empecemos por el necesario respeto. 

Por la necesaria empatía. 

Empecemos por tratarnos. 

Por tratarnos mejor. 

Una empresa anti-personas es una realidad inaceptable en un país democrático, europeo y que quiere crecer y hacerlo de forma respetuosa con las personas, el medio ambiente y la sociedad. 

Una empresa anti-personas es la antítesis del éxito empresarial, los resultados -y por ende- los beneficios.

Abogo por una empresa pro-ser-humano por que, tras 20 años de dedicación absoluta a la empresa, concretamente en el sector del acero y por extensión en muchísimos otros sectores de la industria y la economía, he llegado a la conclusión de que es el único sistema que funciona hoy en día y en el próximo milenio.

Espero del próximo gobierno de España una política económica que permita a los empresarios de este país una empresa pro-ser-humano. Una política económica donde la formación dual sea un hecho. Donde los salarios sean competitivos y se respeten y se fomente el esfuerzo y los méritos propios. Una politíca económica donde la igualdad de género y la estabilidad social sean una prioridad. Una política económica donde el capital humano sea la base de la prosperidad y se fomente y retenga nuestro valioso talento español, hoy en día obligado a emigrar a otras naciones donde se les reconoce más y se les paga mejor.

España nunca será Alemania, ciertamente, pero podemos copiar, de los alemanes lo que mejor saben hacer, la empresa y tratar de adaptar lo que les ha llevado al éxito económicamente a nuestro genuino carácter español. Si fueramos capaces de adaptar la seriedad germánica a la pasión española, llevaríamos a nuestro país a convertirse en motor de cambio y crecimiento. En un auténtico Número 1.

Todo esto lo pensé mientras volaba, vislumbrando el verde alemán, esperanzada. 

No perdamos la esperanza, ni la ilusión por el cambio. Aún es y debe ser posible.