viernes, 23 de septiembre de 2016

Lectura recomendada Blogsostenible "Una nueva forma de entender el trabajo: 5 ideas para empresas y empleados"

El trabajo es bueno y necesario, pero en un mundo donde el trabajo va a escasear aún más es preciso cambiar la forma en la que esta sociedad percibe el empleo. En esencia, con el dinero y con el trabajo debemos relacionarnos madura e inteligentemente. Por supuesto, la educación de nuestros jóvenes será esencial en esta transición.

El trabajo, ¿fuente de felicidad o de estrés?
Para muchos, no tener trabajo trabajo es sinónimo de infelicidad pero, por otra parte, el actual sistema genera tasas de estrés e infelicidad exageradas, tanto entre trabajadores asalariados de base, como entre directivos y autónomos (es el llamado síndrome de burnout o de estar “quemado”). Muchas horas de trabajo implican baja productividad e infelicidad, pues el estrés genera diversas enfermedades y bajas laborales.
Algo esta fallando cuando demasiadas personas buscan trabajo para ser felices y encuentran que es el trabajo su mayor fuente de infelicidad.
La culpa no es del trabajo en sí. Es de nuestra percepción del mismo y de una sociedad que tenemos que cambiar. Hay que salir de la rueda consumista de trabajar para ganar dinero y poder comprar cosas que no necesitamos, llegar a casa cansados y ver una TV que nos dice lo que tenemos que comprar para ser felices (como decía este gran documental). La publicidad genera tanta infelicidad que debería controlarse mucho más.
Hay ejemplos positivos
Desde 2004, los empleados de Netflix disfrutan de tantos días de vacaciones como quieren. Tienen la libertad de decidir cuándo se presentan a trabajar, cuándo coger tiempo libre y cuánto tiempo tardarán en realizar el trabajo. Y esto no ha afectado negativamente al éxito de la compañía, sino todo lo contrario. También hay otros muchos ejemplos de empresas en las que se trabaja menos (6 horas/día) y todo va mejor que cuando se trabajaba más.
Al fin y al cabo, lo que les importa a las empresas es el trabajo bien hecho, y no las horas vividas en el puesto de trabajo.
¿Hacia dónde debería tender nuestra sociedad respecto al trabajo?
Sísifo, el mito del trabajo duro e inútil.
Es una pregunta muy complicada de responder, pero a grandes rasgos, hay algunas cuestiones que deben abordarse:

  1. ¿Trabajar para vivir o vivir para trabajar? Cada uno debe responder a esa pregunta y tener presente qué es lo importante en su vida. Nuestro trabajo, sea el que sea, debemos hacerlo contentos, sabiendo que estamos colaborando para construir una buena sociedad y que nuestro trabajo influye en ello. Si crees que tu trabajo no hace mejor nuestra sociedad, debes cambiar de trabajo. Si crees que tu vida es demasiado complicada, tal vez debes simplificarla.
  2. Intentar hacer bien nuestro trabajo es bueno para todos: No sólo se beneficia nuestra empresa, sino la sociedad en su conjunto y nosotros mismos. No se trata de ser perfectos, sino de sentir la satisfacción por un trabajo bien hecho. Si hay tareas de tu trabajo en las que no eres bueno, céntrate en hacer mejor las otras tareas.
  3. Aumentar la tasa de trabajo hecha desde casa usando las tecnologías informáticas: Es posible que muchas empresas no puedan hacer ese cambio, pero otras, sin duda, sí. Reducir el trabajo presencial disminuye gastos y estrés. También se reduce contaminación atmosférica y gastos sanitarios, por lo que los gobiernos deberían estar interesados en promocionarlo.
  4. Reducir la jornada laboral, al menos a los empleados que lo deseen: Esto tiene importantes ventajas, que se pueden combinar con el punto anterior. Muchos trabajadores, sin duda, se acogerían a esa modalidad incluso aunque se redujera ligeramente su salario. Mejoraría su calidad de vida y su salud, y se reducirían las bajas laborales. Algunas empresas podrían contratar más empleados para cubrir a los que han reducido voluntariamente su jornada laboral, lo cual reduce el desempleo.
  5. La empresa pro-humana trata bien a los empleados y obtiene importantes ventajas por ello: Confiar es mejor que controlar (hasta que se demuestre lo contrario, pues evidentemente hay trabajadores que pueden abusar). Casi siempre, el excesivo control conlleva más comportamientos negativos que si se confía en la gente asumiendo buena fe. Por otra parte, esta también demostrado que las empresas responsables (con RSE) tienen más éxito.
Todo lo anterior genera empleados satisfechos que son la mejor publicidad para una empresa. Además, los empleados contentos son más productivos y más creativos: En muchos de los empleos de hoy, una buena idea es mucho más importante que muchas horas sentado en el puesto de trabajo.
Sin embargo, hay factores que pueden hacer que todo esto no sea fácil de implantar. Por ejemplo, la gente necesita unos mínimos ingresos para subsistir y muchas empresas, que lo saben, abusan de ello: bajos salarios, horas extra sin remunerar, malas condiciones laborales, diversos fraudes fiscales que afectan al trabajador, etc.
Como sociedad, ¿cómo podemos conseguir una buena relación con el trabajo? No hay respuesta fácil, pero una pequeña Renta Básica puede ayudar. Si todos los ciudadanos mayores de edad percibieran una renta básica del estado que permitiera lo más básico (comer y poco más, para empezar), habría menos motivos para aguantar trabajos estresantes y más ganas de buscar un trabajo para disfrutar.
Tres ideas que NO apoyan la Renta Básica
Aunque ya hemos hablado en otro lugar de la Renta Básica (lectura recomendada) ,vamos a cuestionar aquí tres de los argumentos de los detractores de la renta básica:
  1. ¿No hay dinero? Eso depende de la cuantía de la Renta Básica. Sí hay dinero si la cantidad es pequeña, si se suprimen otros tipos de ayudas (algunas con muchos fraudes actualmente), y si se valoran las enormes ventajas que se disfrutan allí donde hay renta básica. Otra fuente de financiación podría ser subir los impuestos a las empresas a cambio de que éstas bajen los sueldos (principalmente los más elevados). La bajada de sueldo se compensaría con la Renta Básica, por lo que los empleados no notarían cambios salariales.
  2. ¿Se fomentaría hacer el vago? Téngase en cuenta que la Renta Básica debe ser, al menos inicialmente, muy básica, por lo que la gente seguro que desea trabajar para ganar más. Además, ya no habría razón para trabajar “en negro” (cosa que actualmente ocurre). Aún así, si alguien se contenta con la renta básica entonces debe llevar una vida austera de bajo impacto ambiental. Por tanto, está es una razón más para alabar ese tipo de vida, más que para criticarla.
  3. ¿Qué pasaría con los trabajos más duros? Algunos dicen que con Renta Básica no habrá trabajadores dispuestos para los trabajos más duros. Aparte de ser una renta baja, quizás haya que pagar más en esos trabajos. Un peligro es que los trabajos más duros podrían ser ejecutados por inmigrantes que posiblemente no tienen más opción. Desgraciadamente eso ya está ocurriendo hoy y nuestra sociedad aún no lo ha solucionado. Por tanto, se necesitan urgentemente mayores controles laborales.
Es muy posible que el sistema de vacaciones de la empresa Netflix y todas las ideas anteriores no puedan aplicarse a todos los tipos de empresas. Pero no hablamos de imponer un sistema genérico para todas, sino de mejorar nuestra forma de ver el trabajo y de dirigir trabajadores. Lo bueno es que muchas empresas (y gobiernos) podrán hacer cambios paulatinos y evaluar si funcionan o no.


Texto Original Blogsostenible

martes, 20 de septiembre de 2016

CRIMEN Y CASTIGO


Recientemente tuve la oportunidad de visualizar un campeonato de patinaje artístico del más alto nivel. 

Estaba disfrutando enormemente de la ejecución del ejercicio, cuando la patinadora (campeona olímpica, para más señas), falló una pirueta de extraordinaria dificultad y se estampó contra el suelo para el desconsuelo de todo el público.

La música que acompañaba de fondo a su bellísimo ejercicio continuaba sonando: la patinadora se levantó como si nada hubiera pasado y, mostrando una sonrisa al público de oreja a oreja (que clarísimamente ocultaba el dolor producido por el golpe y la frustación de los puntos con los que la iba a penalizar el jurado), continuó patinando como si nada hubiera ocurrido y dispuesta a darlo todo. 

En la empresa, como en la vida, no podemos permanecer anclados en el error, ni mucho menos anclar a nadie en el mismo. Hay que dejar de contemplar el error como un crimen que ha de ser castigado y contemplarlo como una experiencia, negativa pero –sobretodo- necesaria:


Sin error no hay aprendizaje.

Sin aprendizaje no hay evolución.

Sin evolución una empresa y su equipo, están condenados a morir lentamente.


Las empresas y equipos que mueren lentamente, acaban siendo devoradas por La Competencia.

Esto que parece tan evidente, es sin embargo, una lacra en el mundo de la alta dirección. Un directivo/a no se equivoca jamás. Sus carreras varias, dominio de diversos idiomas, estancias en el extranjero y probado virtuosismo de la gaita clásica celta, no le permiten equivocarse, ni mucho menos, reconocer un fallo (faltaría más). 

Esta actitud tan mezquina y tan contraria a los necesarios valores éticos que se le presuponen a un directivo/a, instauran en las organizaciones una cultura de la perfección mal entendida, acompañada de una cultura del castigo público, acusador y más propio de sociedades medievales que de la empresa que queremos y que hace la vida de todos los departamentos y los responsables que las integran, muy difícil y escasamente productiva. 

Las empresas y los directivos/as con tolerancia 0 al humano (y necesario) error, son organizaciones envenenadas que, por extensión, envenenan a cualquier ser humano que trabaje en la misma e independientemente de su posición en el organigrama empresarial.

La cuestión fundamental aquí es: ¿por qué se vive el error como una tragedia griega? ¿por qué es tan difícil reconocer una simple equivocación? ¿por qué es tan difícil entonar un “mea culpa”?

La explicación es clara: porque se vive el error desde el Ego y se percibe como un ataque directo a la persona, como un ataque directo a nuestra capacidad, a nuestra valía y eso convierte a cualquiera en una diana de la vulnerabilidad social y profesional: nuestra sacrosanta imagen de perfección puesta en evidencia ¡por un error! ¿? ¡No! ¡¡Jamás!! Cualquier cosa antes que reconocer un humano (y valioso): “Sí, me he equivocado”. Es mejor ocultarlo, obviarlo, mentir y en el peor y frecuente de los casos, culpar a otro (normalmente de rango inferior en la jerarquía).


En la jungla de la empresa, cualquier cosa vale con tal de evitar la humillación pública.


El error (el humano y necesario error), alcanza así la categoría de crimen por quienes mandan, institucionalizando un miedo generalizado que no sólo frena la necesaria productividad, si no que se convierte en el flagelo lacerante de cualquiera que ose arriesgar o asumir mas riesgo del necesario o dar rienda suelta a su creatividad y plantearse hacer las cosas desde otra perspectiva. Ya sabemos que el miedo y la culpa son los principales castradores de cualquier ilusión y avance, o lo que es lo mismo, de cualquier proyecto interesante que merezca la pena ser tenido en cuenta. Y la empresa los necesita si quiere continuar viva. Recordemos.

Quien manda desconoce, sin embargo, que la verdadera autoridad, no es la que figura en la puerta del despacho, ni tampoco en la tarjeta corporativa, si no la otra, La Autoridad Moral, que es siempre el resultado de la coherencia entre los valores éticos y los hechos que les acompañan, y ésta, la que no está escrita en ningún sitio, es la que permite que el bendito error tenga lugar, se asuma, se corrija y sobretodo, sirva de revulsivo, de mejora, de reubicación y crecimiento, además de permitir que todos y cada uno de los departamentos y personas que configuran la organización vivan su labor diaria de manera más humana y sin temor a ser despedazados por un superior que no se equivoca jamás.

La excelencia profesional sólo puede tener lugar a partir de la excelencia humana y ésta se construye a base de tropiezos, equivocaciones, decisiones mal tomadas y de levantarse de las muchas y dolorosas caídas que, afortunadamente, tienen lugar. 


A ninguna empresa ni directivo/a debería interesarle alguien que no se equivoque. 

Alguien que no haya cometido errores. 

Alguien que sea pluscuamperfecto y que lo haga todo bien. 


Alguien que ha fallado un salto, -como nuestra patinadora del inicio-, es alguien que ha intentando asumir mucho riesgo, un ser que no se contenta con la mediocridad, que no se conforma con no intentarlo, que no quiere lo que ya tiene, que se aburre ya de la naturalidad con que ejecuta lo habitual y quiere y necesita más. Alguien que busca un 10, en definitiva.

Quien se equivoca es alguien que ha salido de su zona de confort por que se aburría y decidió ir a por más y no quedarse acomodado/a en la pasmosa e intolerable inanición de los que nunca se equivocan y castigan sin piedad a los que lo hacen, con todo el escarnio del que son capaces. 

Demos pues la bienvenida más cálida a nuestros bellos y necesarios errores. Son quienes han hecho posible que lleguemos hasta aquí y seamos lo que somos.

Ninguna universidad, ningún master, ninguna enseñanza nos proporcionará jamás más sabiduría que la de los bellos y los lamentables errores que hemos cometido. Incluso los que mas nos avergüenzan. 

Recomiendo fervientemente la equivocación y el error como agitadores de conciencia y puertas a la excelencia profesional y vital, si queremos construir empresas y equipos fuertes, concienciados y convencidos de la tremenda necesidad de asumir riesgos incluso a pesar de nuestros errores.


martes, 30 de agosto de 2016

SOFISTICACION SEXUAL: EL MIEDO A LA LIBERTAD


Etiquetar la orientación afectivo-sexual de las personas se ha convertido en uno de los deportes de masas más ridículo y retrógado que conozco.

Sabido es, que a las mentes menos ventiladas, les apasiona definir y etiquetar a sus semejantes por rango de gustos e inclinaciones diversas, jactándose, orgullosos, de concluir su pobre pensamiento, espetando un “es gay”; “es lesbiana”; “es bisexual”; “es pansexual” o lo que, en definitiva, esté más de moda en un momento dado. Lo importante es reducir y clasificar la personalidad del “diferente” bajo un término que lo defina en su totalidad y sentido y a partir de ese momento, darle el “tratamiento” correspondiente. 


Su sexualidad va a definir toda su persona de antemano.


La sexualidad diversa y alejada de los soporíferos convencionalismos sociales, llega a ser, incluso, clasificada como una enfermedad “que hay que curar”, como una patología lamentable que hay que tratar, lo que adjudica directamente la categoría de “enfermo” a la persona que, simplemente, hace uso de su libertad personal para acostarse o levantarse (o ambas cosas) con quien le apetece.

Quienes me leen ya saben que soy poco o nada amiga de adjudicar etiquetas y definiciones al ser humano por que entiendo que algo tan complejo como el cuerpo y la mente de cada uno de nosotros, difícilmente puede reducirse a un vocablo ya de por sí limitador.

Cuando las mentes poco ventiladas de las que hablaba al inicio de este artículo, hablan de otro hombre/mujer en toda su complejidad y belleza intrínsecas, como “gay”, “lesbiana” y similares, efectúan un ejercicio reduccionista, empobrecedor y definitivamente estúpido del otro, qué, para más in-ri, culmina con un afirmativo “¡Oh!” del receptor del mensaje y de su mente poco ventilada también.

La sexualidad humana, afortunadamente, es compleja y está llena de colores que su vez muestran matices particulares y brillos varios, dependiendo de cada persona, claramente parece que la aplastante realidad de millones de personas en el mundo aún no está clara para otros tantos millones, empecinados en continuar con un irrespetuoso afán clasificador más propio de la Gestapo que de ciudadanos de una sociedad democrática y avanzada.

Recordemos que ya en la Grecia y Roma clásicas (así como en civilizaciones anteriores), homosexualidad, bisexualidad y/o experimentación sexual bajo cualquiera de sus formas, fueron, no sólo aceptadas, si no promovidas y disfrutadas en todo su esplendor y de forma absolutamente natural y socialmente aceptada. 

Desde entonces ha llovido ya lo bastante como para soltar amarras (y mal que le pese a quien le pese): recordemos que nuestro principal objetivo como seres humanos no es otro que el de ser felices (o cuando menos hacer lo posible para intentarlo).

Volvemos aquí a ese culto por el alineamiento del ser. A la obligación constituída, de formar parte del rebaño social. A la necesidad de expulsar de la manada al “diverso” so pena de ser señalado/a con un dedo inquisidor para siempre y tan propio de la estupidez humana.

El prejuicio absurdo y la ignorancia han hecho tanto daño a la necesaria diversificación sexual como la Iglesia Católica, los tres, de hecho, han ido siempre de la mano, como sabemos.


Abogo por des-etiquetar.

Abogo por des-clasificar.

Abogo por des-alinear.


Abogo por des-hacer todo prejuicio y suciedad mental y substituirlo por el conocimiento y la preocupación activa por el otro, independientemente de los muy respetables gustos de cada uno que, en cualquier caso, me parecen enriquecedores y de los que sin duda tenemos mucho que aprender, como en otras esferas de la vida.

Abogo por que cada ser de este mundo, se acueste con quien le dé la gana.

El conocimiento y la preocupación activa por el otro, debe ir muchísimo más allá de si alguien se siente más atraído por hombres o por mujeres o por ambos, en porcentajes distintos y variables y dependiendo de su momento vital. 

El conocimiento y la preocupación activa por el otro debe ir muchísimo más allá de una etiqueta colgada del cuello e injustamente definitoria de toda su esencia, por que una etiqueta jamás definirá a ningún ser humano. 

Somos más complejos y apasionantes por nuestra mera condición de humanos, que por nuestras particulares inclinaciones sexuales y considero necesario, más que nunca, no obviar este punto, concretamente, en este momento incomprensiblemente retrógrado e inundado de estupidez e ignorancia sin límite.

La negación del impulso sexual diverso, diferente del impulso sexual “homologado socialmente”, ha sido y es, fuente de no pocos conflictos psicológicos, sociales, legales e incluso (incomprensiblemente) causa absurda, a día de hoy, de tortura, asesinato y muerte en diversas partes del globo - y sin salir de Europa-. Como en tantas otras esferas, sólo a través de la educación temprana y la natural aceptación de la diversificación sexual, conseguiremos vivir en un mundo más civilizado y tolerante. 

Propongo regresar al modelo griego de aceptación y naturalidad. Al ser humano bello de cuerpo y bello de espíritu. Hay que regresar y promover la amplia y diversa sexualidad humana y no poner trabas ni trampas al deseo que nos mantiene vivos. Al deseo de fusión con otro ser humano, independientemente de género; creencias; procedencia; estatus; independientemente del TODO.

Somos seres sexuados desde nuestro primer minuto de vida y hasta nuestra última exhalación y todos tenemos el derecho de vivir nuestra sexualidad como nos parezca conveniente. 


¿Quién puede atreverse a etiquetar la piel?

¿Quién puede atreverse a etiquetar la esencia ?

¿Quién puede atreverse a etiquetar lo que “ES”?


Y sobretodo, ¿por qué? 


No hay necesidad de etiquetar la magia entre dos seres humanos. 


Entre kilómetros de piel. 

Entre millones de neuronas. 

No hay necesidad de etiquetar la felicidad absoluta bajo cualquiera de sus formas y colores. 

Quien lo hace, de hecho, murió hace tiempo. Es un zombie asexuado que vive entre dos mundos pero no ha llegado todavía a comprender y probablemente, no comprenderá nunca, por que negar la diversidad sexual, en cualquiera de sus múltiples y respetables variantes, es negar la vida y es vivir muriendo cada día un poco más.

La sofisticación sexual y la intelectual, suelen ir de la mano. No voy a citar aquí a los innumerables autores/as presentes en cualquier campo de la cultura; las artes y las ciencias cuya sexualidad dista mucho de la socialmente “recomendada”: necesitaría otro Blog para enumerarlos a todos/as. 

El miedo al progreso intelectual de la humanidad ha estado siempre muy ligado al temor de la realización y progreso sexual, tan complejo, apasionante y mágico en cualquiera de sus formas y variables. En definitiva, al miedo a la libertad del otro. A la amenazante libertad del otro. 

Recordemos que, independientemente del género, nuestro principal órgano sexual es el cerebro. Todo está en la cabeza y el sexo, también. De hecho, nos pasamos el día haciendo el amor con hombres y mujeres en nuestra necesidad de ser comprendidos; escuchados; admirados; aceptados…y lo hacemos sin darnos cuenta, de una forma natural y a veces, imprecisa, pero lo hacemos, sin duda alguna.

Desencadenemos pues cuerpos, almas y cerebros y apostemos por una sofisticación sexual respetuosa y consciente, interiorizada, que nos permita no sólo mirar, si no VER la inmensa sensibilidad que se esconde detrás de una vulgar e innecesaria etiqueta.


lunes, 18 de julio de 2016

EL OBISPO Y LAS VIRGENES


El objetivo de La Religión ha sido siempre lograr el enriquecimiento económico masivo y el poder absoluto incuestionable.

Esta ardua tarea se ha llevado a cabo históricamente, mediante la manipulación psicológica más sútil y refinada de sus adeptos. El método es sencillo y viejo como el mundo: se establecen uno o varios “dogmas de fe”, que como su propio nombre indica, carecen de cualquier fundamento lógico y mucho menos evidencia científica que los sostenga, cuando menos de ser sometidos a ser criticados o discutidos. En segundo lugar se establece un fuerte sentimiento de culpa, que, llevado al extremo, alcanza la categoría de “pecado”, que hace la vida de los malogrados seguidores de este sinsentido, ciertamente, muy difícil, siendo la causa de múltiples transtornos; complejos; traumas; fobias e incluso suicidios, como no podía ser de otra manera. 

Creer en el absurdo, en lo no evidenciable, ya puede causar de por sí, trastornos mentales severos, cuando menos si los fieles se ven obligados a vivir bajo el yugo constante del “pecado” que podría arrojarles fuera del adoctrinado rebaño y lo peor: a arriesgarse a ser devorados por las llamas del infierno fo-re-ver.

En base a estos dos miserables conceptos (dogma de fe + pecado), tan siniestramente diseñados para controlar el cuerpo, la mente y lo que es peor, cualquier atisbo de pensamiento crítico de sus seguidores, La Iglesia Católica, en este caso, ha creado un Imperio a lo largo de sus muchos siglos de existencia de dimensiones absolutamente estratosféricas y que escapa a nuestro alcance de simples mortales. 

Dicho Imperio y como cualquier otro, se ha constituido en base a una manipulación y control sobre sus pobres adeptos dignos de denuncia y susceptibles de ser castigados por decreto y no pocas guerras; torturas; luchas de poder; miles de muertos; asesinatos no esclarecidos; corrupción financiera sin límite y en definitiva, una serie de escándalos para los gustos mas morbosos y dignos de un serial televisivo.

En los últimos tiempos han aparecido en los medios de comunicación de todo el mundo, cargos eclesiásticos de todo rango y culpables de todo tipo de delitos relacionados con la corrupción financiera y la lamentable pedofilia, hechos constatados y delictivos, que están haciendo más por el ateísmo que Richard Dawkins. 

Enumerarlos me llevaría muchas páginas de Blog, darían para llenar esta sección per secula seculorum y robaría protagonismo del (muy a mi pesar), auténtico protagonista de mi “ Estupidez Humana “ de este mes de Julio , sección dedicada –como sabemos- , a denunciar y analizar a fondo y objetivamente, la abundante estupidez que nos rodea y que trata de evitar al mismo tiempo que acabemos siendo infectados por ella, como decía, el auténtico protagonista es el inefable Arzobispo de Alcalá de Henares Monseñor Reig Plá.

Cuando pensé que Su Eminencia, Cardenal Cañizares, no podría superar la estupidez humana máxima tras sus aberrantes declaraciones sobre “El Imperio gay”, entre otras lindezas dignas de su medieval cerebro, uno de mis amigos, mi querido Aurelio (gracias Aurelio gracias!!) me advierte de la entrada en escena de otro oscurantista, Su Eminencia (II) Monseñor Juan Antonio Reig Plá , quien con sus últimas declaraciones a cerca de como recuperar la virginidad, la nuestra, la de las mujeres, alcanza el glorioso Número 1 de mi sección de forma categórica, indiscutible y sin lugar a dudas. 

Que momento.

Gracias a este ser que se quedo en el año del Señor 1.415 aproximadamente y rechazó cualquier tipo de evolución y/o progreso, la estupidez humana alcanza el Olimpo de los Dioses, el non plus ultra. Alcanza la categoría de lo sublime, en una palabra. 

Como veíamos anteriormente, el concepto de pecado tan maquiavélicamente diseñado por Iglesia S.A (mi definición preferida de esta magnífica multinacional, maravillosamente gestionada desde el punto de vista empresarial puro y duro), necesita nutrirse de aspectos fundamentales e inherentes a la condición humana para que el terror psicológico de sus adeptos sea tal que estén dispuestos a aceptar y creer cualquier imbecilidad creada para lograr el sometimiento (y por supuesto!) la rendición de su condición pensante. No hay otro aspecto más fundamental e inherente al ser humano que su propia sexualidad. La sexualidad humana, tan natural y normal pero tan denostada y degradada por Iglesia, S.A desde el inicio de su fundación hasta el presente siglo, como mecanismo de control total sobre la psique de cualquiera que les siga. 

Escuchando a Su Eminencia comienzo a sentir miedo. Miedo físico, es más, creo que si pudiera me quemaría viva en una hoguera y mientras rezaría por salvar mi alma de mujer descarriada. 

Analizando el discurso pre-medieval de Reig Plá veo que cualquier mujer normal del S.XXI (entre las que me incluyo, lógicamente), no satisface ninguna de sus líneas, a saber:


1-Soy una mujer y tengo un cerebro.

2-Creo y defiendo la Igualdad de género.

3-Respeto las diferentes opciones sexuales ( la sexualidad humana es amplia ).

4-Entiendo el sexo como algo natural y normal.

5-He votado en las últimas elecciones.

6-Voy a trabajar cada día y asumo la responsabilidad de mi vida, ningún hombre ha de asumirla por mí.

7-No quiero casarme. Es más la palabra “matrimonio” me produce ictericia acompañada de salpullido.

8-Hace 25 años que perdí mi virginidad, no estaba casada y no tengo ningún interés en recuperarla.

9-Tengo amigos gays. 

10-Tengo 3 gatos negros con los que convivo. Y además, les quiero con todo mi corazón.

11- Cuestiono y analizo todo lo que cae en mis manos. Lo que dice Vd, Eminencia, también.


Como decía, este ser, emitidor de postulados absolutamente irracionales; difamatorios; insultantes; machistas e incitadores en una palabra, al maltrato del ser humano ( llegados a este punto me da igual que sea hombre o mujer ) puede ser seguido o escuchado por alguien? Puede algún ser humano normal; inteligente; coherente; bien educado; leído, escucharle por más de 2 minutos sin levantarse y salir corriendo? ¿ puede alguien asistir a alguna de sus homilías mas cercanas al “gore” que a la necesaria progresión del ser humano, sin necesitar una ducha de agua helada?, ¿ cómo permite El Estado Vaticano, -siempre tan cuidadoso y prudente a la hora de esconder la porquería debajo de las alfombras-, permitir al oscurantista expresarse en términos semejantes?

Qué descuido papal! Que fallo de Marketing! Qué tropezón sin parangón!

No nos hemos recuperado de los tremendos delitos de pedofilia y saqueo máximo “made in Iglesia, S.A” y ahora Su Eminencia nos prohíbe a las mujeres lo que nos define como seres humanos más allá del género:


P-E-N-S-A-R y A-C-T-U-A-R D-E M-A-N-E-R-A L-I-B-R-E


Ay Eminencia!

Si las madres misioneras de una conocidísima congregación religiosa donde tuve el privilegio de estudiar y formarme, excelentes mujeres y mejores profesoras (y realmente libres, se lo garantizo), le han escuchado, estoy segura que no tendrán la delicadeza de invitarle a un café con pastitas en cualquiera de las miles de misiones donde, realmente, difunden el mensaje de Jesucristo, haciendo a fondo lo que tienen que hacer y ahorrándose toda la patraña medieval con la que Vd. ha tenido la desfachatez de faltarnos el respeto: como seres humanos en primer lugar y como mujeres en segundo.

Como mujer de empresa, recomiendo a Su Eminencia y a la multinacional que representa, emitir un comunicado público y urgente, retractándose de los insultos y reconsiderando su lamentable, obsoleto e inaceptable discurso. Piense además, que como continúen Vds perdiendo adeptos dejarán de facturar, osea, dejarán Vds de lado su cometido Número 1: ni que sea por el interés económico puro y duro, retráctese públicamente, Eminencia.


martes, 12 de julio de 2016

SOY UNA MUJER EMANCIPADA


Soy una mujer emancipada

Inteligente. Libre. Voy a capitalizar mi belleza y todos mis encantos como si fuera el mejor inversor de Wall Street. Sé que soy mejor que el resto. 


Soy una mujer emancipada

Me gusta que pagues tú siempre (es un gesto de caballerosidad), me abras la puerta, me retires la silla y te hagas cargo de todas mis necesidades económicas y emocionales.


Soy una mujer emancipada

Estoy deseando atraparte, tonto. Quiero que me mantengas a mí y al fabuloso tren de vida que me merezco. Voy a convertirme en tu sueño hasta que comas de mi mano. 


Soy una mujer emancipada

Trabajo solo lo suficiente. Por ahora. Es circunstancial. Trabajar cansa y además, está mal visto que la mujer trabaje. Además, trabajar me obliga a pensar. Pensar cansa. Prefiero que tú pienses por mí. 


Soy una mujer emancipada

En cuando veo a otra mujer más guapa, mas preparada; más inteligente que yo, voy a ir a por ella hasta acabar con su autoestima. Quién se ha creído que es?


Soy una mujer emancipada

Y espero que me financies, cariño, la operación de pecho que me prometiste el día que me viste llorar por la tremenda tragedia que para mí supone usar una talla 85. Necesito una 100 para sentirme mujer. 


Soy una mujer emancipada

Necesito más botox en mi cara, aunque cada vez me parezca más a una caricatura de mí misma y ya no me quede expresividad alguna en el rostro. Lo importante, es mi belleza interior.


Soy una mujer emancipada

Este mes estaré intratable, cariño, por que he iniciado una dieta de 600 calorías/día. Entiéndelo, lo importante es que te guste. Eso sí, ni me hables. Compréndeme.


Soy una mujer emancipada

Te tengo tan amaestrado, tan tomada la medida, que he logrado transformar tu hombría en servilismo canino. Hago contigo lo que quiero y encima estás contento.


Soy una mujer emancipada

Tengo tanta personalidad que estoy emperrada en llevar el mismo bolso alucinante que llevaba Brenda Fox en el “Photocall” de “No es país para imbéciles”. 

Y espero que me lo regales, eh?


Soy una mujer emancipada

No pude evitar liarme con mi profesor de Pilates. Tu estás siempre de viaje y paso demasiado tiempo sola. Soy humana. Eres tan tonto que ni siquiera te has dado cuenta que llevamos 3 semanas sin hacerlo. Que bobos sois los hombres. En el fondo, te quiero.


Soy una mujer emancipada

Cuando me divorcie de ti, me voy a quedar con nuestra casa; tu sueldo; tus ahorros; tus planes de pensiones; el coche; el apartamento de la playa; la casa de tus padres en la montaña y la custodia de los niños…no la tengo clara, me agobian. Te la regalo.


Soy una mujer emancipada

No soporto verte fracasar, ni llorar. Que poca hombría. Parece mentira que jamás te dieras cuenta que no te quería lo suficiente, simplemente se me pasaba el arroz y eras la mejor opción entre las no-opciones disponibles del mercado.


Soy una mujer emancipada

Tu querías carne fresca, de primer corte. Yo quería una cartera bien abultada. Eramos felices, no?


Soy una mujer emancipada

Respétame, soy una mujer emancipada, por si no te habias dado cuenta.


lunes, 11 de julio de 2016

ARDOR GUERRERO


Mi día a día en el mundo del acero es lo más parecido a una guerra de lo que nadie se pueda imaginar. Soy consciente de que inicio una batalla que sé como empieza y que quiero que acabe con éxito, si es posible ,incluso, con la gloria y para ello todas mis facultades –sin excepción- han de estar operativas al 100%. Un solo fallo, un despiste, un movimiento en falso, pueden suponer la pérdida de millones de euros anualmente y con ello la pérdida de la guerra, en una palabra y traducido a negocios, a nuestra desaparición del mercado.

En la toma de la decisión correcta, hay un factor determinante, que, aunque parece obvio , es, en su sencillez, el más complejo de todos:

La gestión del miedo.

Todos tenemos miedos e inseguridades y quien no lo reconozca, miente. El miedo es humano y necesario, nos advierte de un peligro , de una amenaza y nos hace ser prudentes, cautos. Hasta ahí todo bien. El problema surge cuando el miedo paraliza, impide pensar con claridad, frena nuestra preciada estrategia y, o bien, nos hace tomar una decisión incorrecta o lo que es peor, bloquea cualquier tipo de decisión.

Hace unos días mantenía una apasionante conversación con un amigo mío, militar de carrera, quien, refiriéndose a los saltos en paracaídas, me decía:

“Cris, el primer salto es el fácil. El segundo es el peor, por que ya sabes a lo que te enfrentas”.

Esta sentencia taxativa, brillante en su sencillez militar, absolutamente concisa, me hizo recordar inmediatamente mis inicios, hace 18 años ya, cuando comencé a exportar acero a Alemania, desde Barcelona y era la primera en hacerlo. Cuando “salté” por primera vez y puse el pie en territorio “virgen”. 

Feliz e inconsciente. Feliz en mi inconsciencia. 

Con el paso de los años y a medida que mi conquista del territorio se extendía al resto de Europa, al resto del mundo, la interiorización de la tremenda responsabilidad que tenía (y continuo teniendo), me hizo sentir, si no miedo, mucho respeto: ya sabía a lo que me enfrentaba, ciertamente.

El segundo salto del que me hablaba mi experimentado amigo militar, es siempre más difícil que el primero, sin duda. Sin embargo, el convencimiento de saber que hacemos lo que hemos elegido, que estamos muy preparados para hacerle frente y la enorme ilusión de lo nuevo (no hay dos saltos iguales), es lo que nos proporciona la energía y la motivación para “superar” el humano miedo y substituirlo por el “Ardor Guerrero”, lo que en el argot militar se conoce como la adrenalina total que te permite afrontar una “operación” en la que has de ejercer labor de mando sobre ti mismo y estar a la altura de las – con toda probabilidad-, complicadas circunstancias que has de afrontar. 

Sólo los auténtica y genuinamente “vocacionales”, es decir, los que sienten auténtica pasión y convencimiento por su trabajo son capaces de gestionar el miedo con dignidad y substituirlo por el “Ardor Guerrero” del que hablábamos antes. 

En las circunstancias límite a las que nos tenemos que enfrentar cada día en nuestras empresas y en la vida, el mundo militar tiene mucho que enseñarnos, particularmente, en este sentido.

La peor decisión es la que no se toma. 

La peor circunstancia que puedo imaginar es convertirse en víctima de la circunstancia.

La incapacidad para asumir riesgos es, sencillamente, letal y debemos prescindir de ella siempre.

Soy testigo, a diario, de muchas decisiones mal tomadas o de ninguna decisión tomada en absoluto, producto de la mala gestión del miedo. Este comportamiento, erróneo, se traduce en pérdidas económicas tremendas para cualquier compañía. 

El miedo paraliza y destruye cualquier progreso. Cualquier necesario avance. Cualquier conquista. 

Hemos de saltar en paracaídas. Y hemos de realizar el salto preparadísimos. Hemos de prepararnos a fondo, física y mentalmente, para continuar viviendo; haciendo empresa; superándonos: para continuar conquistando nuevos territorios, pero, sobretodo, para continuar conquistándonos a nosotros mismos, sin duda, la más difícil de todas las conquistas posibles. 

Cultivemos siempre un sentimiento de proactividad máxima, un sentimiento de respuesta, de resolución ante las adversidades y las emergencias. Un sentimiento de confianza plena en nosotros y nuestras capacidades y por extensión, en nuestros equipos.

Finalmente, todos somos soldados en esta batalla diaria que es la empresa y la vida. 

Por muy humano que sea el miedo, substituyamoslo por “Ardor Guerrero” y… saltemos!



jueves, 30 de junio de 2016

YO NO SOY MACHISTA

¿En qué momento empezaste a consentir su machismo?


Yo no soy machista.

Cuando me dice que me calle por que de esto no entiendo.

Yo no soy machista.

Cuando llega a casa a las 7 de la mañana y me dice que estuvo desde las 5 de la tarde del día anterior tomando algo con los amigos.

Yo no soy machista.

Cuando me pide hacerse cargo de su dinero – y el mío-, por que el sabe más de economía que yo.

Yo no soy machista.

Cuando me pide que me opere por que le gustan más las curvas que las rectas.

Yo no soy machista.

Cuando le pide a nuestra hija que le traiga una cerveza, mientras que ve el fútbol con su hijo.

Yo no soy machista.

Cuando me alza la voz por que la comida no está a su gusto.

Yo no soy machista.

Cuando tenemos sexo, pero yo no tengo ganas y lo tenemos.

Yo no soy machista.

Cuando me he convertido en un ser pasivo que te ignora y no te deja por miedo a estar solo.

Yo no soy machista.

Cuando hace comentarios obscenos delante de tus narices y se jacta de su hombría sin el más mínimo pudor.

Yo no soy machista.

Cuando consulta los anuncios de prostitución de los periódicos mientras tu preparas el desayuno.

Yo no soy machista.

Cuando te pregunta que para que quieres seguir estudiando.

Yo no soy machista.

Cuando te pide un tiempo por que te han detectado cáncer y se siente presionado.

Yo no soy machista.

Cuando te pide abortar por que no está preparado para ser padre.

Yo no soy machista.

Cuando te dejo de querer hace tiempo y le falta carácter para irse con dignidad.

Yo no soy machista.

Cuando te ha pegado por que fuiste a tomar un café con un amigo.

Yo no soy machista.

Cuando te ha pegado a ti y ahora a tus hijos.

En que momento empezaste a consentir su machismo?